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miércoles, 12 de marzo de 2014

Temor a lo profundo


Hoy día cuatro, siento que la cosa dejó de ser tan bonita como fue los dos primeros días. El día uno y dos yo sentía un placer gigante al estar en la piscina, sentía que podía hacer los ejercicios y podía avanzar, pero en los dos últimos días me he sentido incapaz. Mientras estaba en la parte profunda intenté hacer los ejercicios de respiración y dejar salir las burbujas pero por alguna razón, supongo que por el miedo, este sencillo ejercicio se me hacía muy difícil y no pude. Se me llenaba el cuerpo de agua, no podía mantenerme tranquilo. Supongo que lo que tengo que hacer es aprender a hacer las cosas paso por paso, primero tomar aire, luego hundirme y luego soltar las burbujas. Intentar no hacer las cosas de una sino ir paso por paso, por lo menos en principio.

Hoy el instructor nos hizo hacer la flecha para llegar de un extremo al otro de la piscina. Llegué hasta la mitad y cuando me di cuenta que estaba nadando o flotando sobre lo profundo me aterroricé. Todos estábamos aterrorizados, quietos y el instructor tuvo que ayudarnos uno a uno a llegar hasta el otro extremo de la piscina. Según el no hay que temer en ninguna parte de la piscina porque es la misma agua. La profundidad es diferente pero lo mismo que hacemos en la parte panda lo podemos hacer en la parte profunda. También según el instructor, tenemos que recordar que lo más importante es relajarse y aprender a respirar.

Tampoco me ayuda para nada sentirme tan enfermo, bueno no estoy TAN enfermo, pero si me siento afectado en los bronquios. Algo me pasa, no sé si es gripe, no sé si es algo por el agua fría. A eso también hay que sumarle el temor a lo profundo que he visto que tenemos la mayoría de los practicantes. Hace un rato decidí ver fotos en Tumblr de piscinas bajo el agua y la sensación que obtuve fue de pánico. Ver esas imágenes me conmovía y me hacía sentir atemorizado. Bajo el agua es un lugar inquietante y perturbador que no manejo. No se cómo comportarme allí y no sé cómo hacer para tranquilizarme. Yo sé que no me va a pasar nada, el instructor está allí, los compañeros están allí, necesito relajarme y respirar. Debo abrir los ojos, mirar alrededor, reconocer el entorno. No tengo imágenes en mi memoria del lugar que es abajo del agua en la piscina. Parece como si hubiera estado conscientemente evitando ese lugar en el que tengo que estar metido.

Tal vez estoy intentando abstraerme y mantenerme aislado de ese lugar que tanto me gusta, tal vez necesito intentar conocerlo un poco más, hacerme consiente de como es, conocer sus dimensiones, su forma, sus detalles para así no tenerme miedo.



lunes, 17 de junio de 2013

En la sala de espera del cirujano

Hoy tengo cita para que me quiten los puntos de la herida de la cara y aquí estoy sentado en la sala de espera. Conmigo hay otras tres personas con heridas en el rostro, supongo que vienen a que se las revisen también. Me pica.

Hace un rato, cuando llegué a la sala de espera del consultorio una señorita que estaba sentada -y que está aún aquí- se quedó mirándome con cara de perplejidad. Tal vez le pareció rara mi herida y mis parches. Por unos segundos no me quitó los ojos de la cara. Miré para otra parte y luego sonreí.
Ahora ella mira su teléfono y yo escribo en el mío, y yo de vez en cuando me fijo en el parche que  ella tiene en la frente.

Me imagino que tal vez nos saludamos, que nos reímos y que compartimos anécdotas de nuestros accidentes. Podría ser que habláramos también de cómo cuando nos descuidamos y no estamos conscientes olvidamos nuestras heridas. Cuando eso pasa nos fijamos en las heridas de otros, sentimos curiosidad, nos burlamos en secreto de sus deformidades, como si no tuviéramos parches y no estuviéramos heridos.