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viernes, 21 de marzo de 2014

Vencer el miedo a saltar al agua, natación día 11

Una de las frases más repetidas y que se ha convertido en un lema para todos los asistentes al curso de natación es: hay que perder el miedo. Me he acostumbrado a perder el miedo, o a por lo menos a intentarlo, en esa hora de clase. Hoy no fue la excepción, es más, hoy tuve que enfrentarme a algo que no recuerdo haber hecho antes y en lo que casi no había pensado que tendría que  hacer: clavados.

El profesor nos reunió a todos en el lado profundo de la piscina después de hacer cuatro veces el desplazamiento con un solo brazo y nos pidió que nos mandáramos al agua para saber cómo lo estábamos haciendo y desde donde partía para enseñarnos como se hace. Los mismos de siempre hicieron la fila y se mandaron, pero esta vez yo me quedé atrás. Tuve miedo porque nunca lo hice y no sabía cómo se hacía. Después de un par de minutos y de dejar que pasaran otros compañeros me paré al borde de la piscina. Me quedé allí aterrorizado pensando cómo hacer algo que no sé cómo se hace. Así que utilicé el viejo truco de mirar primero y repetir. Respiré profundo y me boté.

Fue maravilloso. Caí al agua y aunque sentí el tablazo en el abdomen me hundí y me desplacé lo más lejos que pude aguantando la respiración y luego botando el aire. Subí y sentí que había conquistado un miedo. Que había logrado algo fantástico y que había visto el agua y el fondo de la piscina de una manera diferente. Por el resto de la clase estuvimos clavándonos al agua de rodillas, más suavecito más tranquilos. Quedé con ganas de volverlo a hacer.

¿Es eso lo que sienten los niños cuando juegan en la piscina? Míreme a mí, de 31 años superando los miedos que nunca superé, rogándole al universo que me los quite para enfrentarlo todo, todos los días, así como siempre. Mi lucha, todos y cada uno de los días del año y de la vida es por vencer el miedo. El miedo es mi constante, es mi lastre, es mi sombra. Espero que algún día se vaya. Espero que se vuelva una sombra más clara, más transparente.

Recordé esto, una instalación de arte de la que pensé un día hablar en milinviernos pero no lo hice



Hoy no tengo canción sobre el agua o sobre la profundidad de la piscina, pero descubrí ese maravilloso álbum de Radiohead llamado The bends y ando con esta canción pegada en la cabeza




PD: El vecinito me propuso que huyera con él a alguna parte en semana santa. No sé si lo consideré o si lo consideraré. Le respondí que me parecía una buena idea si había plata. No tengo un centavo, aunque por lo menos ayer llegó una traducción y ya envié algunas hojas de vida. 
Pienso que si consigo un sponsor podría seguir el otro curso (mi papá jajajajaja). La verdad es que tengo muchas ganas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Relajarse y respirar, la clave para la natación y para el sexo: día nueve

Desde hace un par de semanas un vecinito, un muchacho de 29 años me ha estado cortejando. Hablamos seguido por whatsapp e incluso el otro día me trajo una cerveza y nos pusimos a charlar en la entrada de mi edificio. Es bien bonito, delgadito y según me dice tiene el pecho peludito; vi también que tiene las piernas peludas y bien torneadas. El hombre es un caramelo, dulce, tierno, tranquilo, pero tiene un inconveniente: es intenso. Nos hemos visto solo dos veces –la primera salimos a tomar café y la segunda fue el día de la cerveza— y cuando hablamos por whatsapp termina diciéndome que quiere algo conmigo o lo lindo que sería que estuviéramos juntos o que me quiere para mas que solo lo físico. Cuando yo me pongo frisky y quiero morbosearmelo un ratico para amasarle las carnitas termina diciéndome que sería muy afortunado si pasara algo entre nosotros. No permite que fluya la conversación, no deja que yo persiga mi presa con mi prosa, la cual se ha convertido últimamente en mi arma de conquista. Me he dado cuenta que si quiero conseguir algo de un tipo me gusta lucharlo un poquito y eso lo hago escribiéndole cosas lindas, contándole historias, conversándolo, trabajando indirectas, doblesentidos, contando anécdotas, calentándole la mente para llegar al cuerpo (no siempre funciona *suspiro*). ¡OJO! Hay una diferencia muy grande entre endulzar el oído o pintar pajaritos en el aire y lo que yo hago. Yo les cuento una historia cachonda de a poquitos y voy midiendo las aguas, los voy antojando e intento que queden con ganas de verme o por lo menos que quieran escuchar un poco más, que se calienten, y el resto es carpintería, un lugar, un trago…


sábado, 15 de marzo de 2014

Un encuentro con el pasado en sueños (y dos años de espera para el amor)

La escena era un poco confusa como todos los sueños. Yo estaba jugando con mi hermano y con otras personas a quienes no recuerdo en la calle y de repente Martin apareció allí, sentado en una bicicleta. Yo interrumpí el juego y fui a saludarlo. Lo abracé y le dije cosas del tipo que era muy bueno verlo y que se veía muy bien, cordialidades que le dice uno a la gente cuando se la encuentra de la nada. Recuerdo que en el sueño cuando lo vi me sentí genuinamente contento, lo abracé con cariño y volví a grabar en mi memoria su piel muy blanca y sus ojos marrones. La gente que estaba jugando conmigo no entendía muy bien que pasaba y esperaban a que yo volviera a jugar con ellos.
La última vez que tuve contacto con Martin en la vida real, no en un sueño, fue el año pasado cuando me escribió fue para felicitarme por mi cumpleaños y para contarme que iría a Argentina en enero de 2014. Tenía planeado, como todos los años, viajar fuera de Estocolmo y pasaría el verano porteño con Adolf. Luego los dos irían a Sao Paulo. Me preguntó si de casualidad no planeaba viajar a Buenos Aires para esa época. Le respondí que me alegraba mucho pero no le dije nada más. Le ofrecí las cordialidades típicas del caso y no ahondé en el tema ni le hice más preguntas.


viernes, 14 de marzo de 2014

Nos dijimos los nombres y nos lanzamos al agua: día seis de clase de natación

Mi compañero moreno que utiliza siempre camiseta se llama Javier. “Yo no me llamo Javier… o si” me dijo, parafraseando la canción, cuando le pregunté cómo se llamaba. Yo le pregunté su nombre después de que él me preguntó el mío. Todo esto sucedió una ronda de saltos después de que yo le preguntara al compañero bajito, guapo y delgado como se llamaba. Se llama Eduard. Me imagino que es médico porque tiene un aire a un médico que conocí en diciembre aunque parece muy niño.
Estas presentaciones sucedieron mientras hacíamos fila para lanzarnos a la piscina. El ejercicio del día consistía en mandarnos por turnos a la parte profunda y desplazarnos hasta lo pandito pateando y haciendo burbujas. No sobra decir que hacer esto es un ejercicio agotador cuando uno tiene que hacerlo 20 veces en un periodo de una hora. Creo que esta semana he hecho más ejercicio que lo que había hecho en los últimos tres meses.
Mientras hacíamos las rondas el instructor nos volvió a repetir hoy una frase que me dijo ayer cuando nos encontramos y me contó su historia completa. Leonardo dijo que todo en la vida se hace más fácil o mejor cuando se hace con amor. Cuando alguien saca a colación semejante frase siempre termino preguntándome ¿de dónde saco el amor? ¿cómo hago para ponérselo a la clase de natación o a cualquier cosa ?
La pregunta no tiene respuesta, pero creo que lo más parecido al amor es la actitud que tiene mi compañero Javier en la clase, actitud un poco parecida a la mía. Yo lo veo y él siempre se está gozando todos los ejercicios. Él siempre tiene esa sonrisa en la cara y esas ganas de divertirse en clase. Hoy por ejemplo, después de las flechas iniciales Leonardo nos pidió que tomáramos un chorizo y que fuéramos al lado profundo de la piscina. Cuando estábamos yendo todos para allá preguntó ¿Quién es el valiente que se va a lanzar primero? Javier venía trotando junto al grupo y cuando escuchó la pregunta sin chistar dijo yo y se mandó de una. Yo lo seguí y otro compañero más. Me encanta estar cerca de él y sentir que hay alguien a quien le gusta tanto la clase como yo, alguien que tiene ganas de aprender y de gozarse el asunto.  No sé si eso sea el amor al que se refiere Leonardo pero creo que por ahí podría estar la cosa.
Me sigo sintiendo enfermo con esta gripa desastrosa, pero sigo sintiendo que durante la clase me siento bien. Ahora tengo el fin de semana para mejorarme y pasar por lo de la presentación de Milinviernos y el lunes volver un poco más recuperado a patalear, burbujear, jugar y aprender y seguir molido en la semana dos de la clase de natación. También me alegra que el muchacho de la mirada dulce del grupo de principiantes haya comenzado a hablarme. Desde que comenzó el curso yo me he cambiado junto a él y a dos otros nadadores más que están en ese curso. El día que empezamos el curso yo no sabía cómo hacer nada así que sólo los seguí porque ellos parecían confiados e hice lo mismo que ellos hacían para entrar  a la piscina. Ahora el muchacho me ha hablado para aconsejarme cosas sobre los lockers y me ha preguntado sobre mi clase. Yo le pregunto cosas de vuelta y le sonrío.  

Me encontré esta galería de fotos de nadadores bajo el agua que está muy chévere


http://www.marktipple.com/summer2012

jueves, 13 de marzo de 2014

Expulsar todo el aire y hundirse

En mi clase de natación hay un muchacho de unos 35 años o tal vez un poco más. Él es moreno y  siempre lleva una camiseta deportiva del mismo color y material de la pantaloneta y en alguna ocasión comentó que le daba miedo hacer mucho esfuerzo con una pierna porque ha tenido muchas lesiones. Nunca lo he visto el torso desnudo, siempre tiene la camiseta puesta en clase y me imagino que debe tener cicatrices o algo raro en la parte superior del cuerpo. Ayer cuando estábamos en la parte profunda de la piscina me dijo que nos hundiéramos y nos viéramos abajo. No fui capaz, sentí que me ahogaba pero hoy aprendí el truco para hundirme y quedarme abajo.

El instructor nos enseñó que para estar hundido hay que dejar salir todo el aire, expulsarlo y así el cuerpo se vuelve pesado y se queda en el fondo. Después de enseñarnos eso nos puso a hacer un ejercicio que consistía en sumergirnos y pasar por varios hula hopos por debajo del agua. En el primer intento logré pasar por 5 y en el segundo lo pasé todos. Hoy salí de clase sintiendo que había pasado otra barrera y que había aprendido algo nuevo, no como ayer que me sentía derrotado y más enfermo que nunca. Hoy también me siento enfermo pero cuando estoy en la piscina me siento más tranquilo y menos afectado.  

Al final de la clase le toqué el hombre al compañero moreno y le dije que nos viéramos en el fondo de la piscina. No nos vimos en lo profundo pero si me hundí e hice lo que no había hecho ayer.

Cuando iba llegando para clase, a las 6 y 40 am, me encontré en la 68 al instructor y se vino contándome toda su vida hasta que llegamos a la Cruz Roja. Leonardo, ese es su nombre, tiene 24 años y lleva viviendo 8 meses en Bogotá. 

Dejo aquí dos vídeos de la piscina mas profunda del mundo, la Nemo 33 en Bruselas.
En Video: La piscina más profunda del mundo por Globovision

)

miércoles, 12 de marzo de 2014

Temor a lo profundo


Hoy día cuatro, siento que la cosa dejó de ser tan bonita como fue los dos primeros días. El día uno y dos yo sentía un placer gigante al estar en la piscina, sentía que podía hacer los ejercicios y podía avanzar, pero en los dos últimos días me he sentido incapaz. Mientras estaba en la parte profunda intenté hacer los ejercicios de respiración y dejar salir las burbujas pero por alguna razón, supongo que por el miedo, este sencillo ejercicio se me hacía muy difícil y no pude. Se me llenaba el cuerpo de agua, no podía mantenerme tranquilo. Supongo que lo que tengo que hacer es aprender a hacer las cosas paso por paso, primero tomar aire, luego hundirme y luego soltar las burbujas. Intentar no hacer las cosas de una sino ir paso por paso, por lo menos en principio.

Hoy el instructor nos hizo hacer la flecha para llegar de un extremo al otro de la piscina. Llegué hasta la mitad y cuando me di cuenta que estaba nadando o flotando sobre lo profundo me aterroricé. Todos estábamos aterrorizados, quietos y el instructor tuvo que ayudarnos uno a uno a llegar hasta el otro extremo de la piscina. Según el no hay que temer en ninguna parte de la piscina porque es la misma agua. La profundidad es diferente pero lo mismo que hacemos en la parte panda lo podemos hacer en la parte profunda. También según el instructor, tenemos que recordar que lo más importante es relajarse y aprender a respirar.

Tampoco me ayuda para nada sentirme tan enfermo, bueno no estoy TAN enfermo, pero si me siento afectado en los bronquios. Algo me pasa, no sé si es gripe, no sé si es algo por el agua fría. A eso también hay que sumarle el temor a lo profundo que he visto que tenemos la mayoría de los practicantes. Hace un rato decidí ver fotos en Tumblr de piscinas bajo el agua y la sensación que obtuve fue de pánico. Ver esas imágenes me conmovía y me hacía sentir atemorizado. Bajo el agua es un lugar inquietante y perturbador que no manejo. No se cómo comportarme allí y no sé cómo hacer para tranquilizarme. Yo sé que no me va a pasar nada, el instructor está allí, los compañeros están allí, necesito relajarme y respirar. Debo abrir los ojos, mirar alrededor, reconocer el entorno. No tengo imágenes en mi memoria del lugar que es abajo del agua en la piscina. Parece como si hubiera estado conscientemente evitando ese lugar en el que tengo que estar metido.

Tal vez estoy intentando abstraerme y mantenerme aislado de ese lugar que tanto me gusta, tal vez necesito intentar conocerlo un poco más, hacerme consiente de como es, conocer sus dimensiones, su forma, sus detalles para así no tenerme miedo.