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viernes, 27 de marzo de 2020

Diaro del confinamiento: construir un después

3d Gold 2021 Text Effect PSD para descarga gratuitaMiro por la ventana y veo un montón de gente caminando por la calle. No la misma cantidad de gente que vería en un día normal, o antes, pero sí bastante. Bastante, por ejemplo, para lo que vi la semana pasada. Siento que la gente no está muy convencida de que el virus sea algo que le pueda hacer daño. A mi me aterroriza, pero a veces también dudo de que algo real vaya a suceder. Ojalá toda esa gente que está en la calle tenga razón y nos encontremos mágicamente protegidos. Mamá y yo no hemos salidos ya casi en una semana.

Lo que más me asusta es que haya un estallido social, he intentado hablarlo con gente, pero prefiero callarlo porque no tengo ningún control sobre eso. La gente también suele pensar que algo así no sucederá y espero, también, que tengan razón.

sábado, 2 de febrero de 2019

El discreto arte de stalkear: el espacio entre las verdades (IV)


Estaba la otra tarde yo conversando con mi amiga Camila y su esposo, Jorge; fui a visitarlos antes de que se acabaran las vacaciones. Tomábamos cafecito con galletas mientras recordábamos anécdotas de compañeros de la universidad o de gente que conocíamos de la vida bajo el solecito en el patio de su casa; eso es lo que hace uno con los amigos de vieja data.

Estábamos conversando de esas charreras cuando recordé el caso de Adriana, esta amiga que tenemos en común en el Facebook. Resulta que a mí se me hace tremendamente divertido leerla porque ella tiene dos hijos, un niño de dos años y medio y una niña de uno. En su cuenta de Facebook Adriana postea con regularidad fotos de sus niñitos y escribe textos cortitos sobre las pequeñas y tiernas aventuras que tiene con ellos. La mayoría de sus relatos son conversaciones que tiene con el niño mayor, intercambios de frases cortas pero significativas que revelan una interacción familiar llena de sentido en las que su hijo logra sorprenderla e incluso a veces cuestionarla.

martes, 22 de enero de 2019

El discreto arte de stalkear: la mezquindad (III)


El viernes pasado en la noche, en una fiesta a la que fui con Marco, me encontré con el esposo de mi amiga Tatiana. El tipo estaba en el mismo bar al otro lado de la pista rumbeando con un grupo de amigos. Verlo solo, sin su esposa, me produjo cierta extrañeza.  

Tatiana es una escritora a quien conocí hace unos años en un taller de comunicación. Es extrovertida y simpática pero tiene una costumbre un poco excéntrica, aunque no del todo extraña en estos tiempos: comparte a diario su vida en Facebook. Postea fotos de novenas, cumpleaños, matrimonios; monta álbumes familiares en los que aparecen etiquetados los miembros de su circulo lejano y cercano; narra con pelos y señales las nimiedades de su vida cotidiana, habla de lo que come, de los lugares que visita, de la ropa que compra, de sus rutinas de ejercicio y sus compañeros de gimnasio, de los restaurantes que visita, de los conciertos y las actividades culturales que realiza; comenta sobre su trabajo hasta la saciedad, sobre los viajes que hace, las conversaciones que tiene. Durante su embarazo consultaba con los contactos de la red acerca de trucos y especialistas para sus dolencias, curas para la piel, remedios para bajar los antojos, terapias alternativas, cursos, libros, nombres de bebé, vacunas, enfermedades, lugares para comprar cosas. Sus publicaciones alcanzan a diario cientos de reacciones y docenas de comentarios.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Miscelánea de cosas del 2017


Tengo una hora casi para que la ropa esté lista. Mientras eso pasa miro por la ventana y pienso. El otro año veré a Paula y si soy afortunado dictaré una materia nueva en la universidad. Constantemente le doy vueltas a unos contenidos que aun no he planeado pero que me emocionan: arte. Me gusta la idea de enseñar de arte y hablar sobre arte aunque no lo haya hecho en mucho tiempo. 
Ha pasado ya un año y medio desde que entré a trabajar en la escuela. Ha sido un periodo intenso. Antes de la escuela no había tenido por mucho años algo parecido a un trabajo estable; permanecí desde la última vez que dicté una clase de inglés en un estado de freelancismo que me tuvo viajando por todos lados, ganando o mucho o nada. Ahora tengo algo cercando a una estabilidad, un grupo de trabajo maravilloso con un jefe amigo y un ingreso fijo cada mes y por eso pude comprar un apartamento. Completé la cuota inicial con mi mamá y lo compré. Y ahora soy un home owner con una hipoteca. Estoy cerca de la independencia económica y de algo parecido a una vida propia.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La culpa del binge-watching

Durante los últimos dos años he trabajado muy duro para llegar hasta donde estoy: salí de un trabajo de mierda que tuve que hacer por necesidad en una entidad pública a trabajar como traductor para un documental que se exhibió en salas y luego pasé a trabajar como profesor en una universidad y me ha ido bien; estoy intentando dar el paso de enseñar inglés a enseñar arte u otras áreas de mi experticia aunque no lo haya hecho antes; he logrado tener un ingreso estable y he logrado exprimir cada centavo necesario para juntar una parte de la cuota inicial de mi propio apartamento –acabo de firmar la promesa de compraventa—; he sacado adelante con mis amigos un proyecto artístico que nos llevó a ser parte del sistema de curadores de Artbo y a jugárnosla en las grandes ligas; superé varias enfermedades, una crónica que tengo ya bajo control y una eventual que me llevó al quirófano; y dejé atrás relaciones malsanas que con personajes del pasado. En este momento tengo una tabula rasa, la cabeza limpia para empezar un camino nuevo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El espejo borroso del recuerdo

Ron me habló ayer de sus planes como si ya me los hubiera contado, como si en un chat previo o en una conversación anterior hubiera mencionado algo. Pero yo no sabía de qué me hablaba cuando me daba cuenta de las noches que pasaría en Cartagena y en Medellín; cuando me contaba de las ocasiones en que la gente de Avianca le había cambiado el itinerario.

–There’s a strike or a work stop or something like that. So, there’s been a change of plans, we’ll not be able to have dinner –me escribió.

Solo le respondí que era una lástima y que nos veríamos en otra oportunidad.

Ron me había escrito el sábado para contarme que tenía una parada en Bogotá, pero yo no hice ninguna otra pregunta. Antes de responderle me fijé en que, aparte del mensaje de Whatsapp que me había escrito, también me había enviado un mensaje por Facebook y me había comentado en una foto que yo había puesto un par de semanas atrás, como si un requisito para pedirme que cenáramos fuera mostrar interés en mis publicaciones viejas. Esperé una hora para responderle, tal vez porque me temía de antemano cuáles serían sus noticias.

domingo, 7 de mayo de 2017

Miscelánea de asuntos de la sobriedad

Cómo ya les había contado no estoy consumiendo alcohol y estas son algunas de las conclusiones que he sacado de andar en este plan:

1.    Que contarle a la gente que uno no consume alcohol es como salir del closet. Durante estas últimas semanas, o por lo menos durante este periodo inicial cuando he ido a alguna actividad social o cuando me he reunido con los amigos o cuando he conocido a alguien nuevo, he tenido que contarles que no bebo. Inicialmente su respuesta ha sido echar para atrás la cabeza y observarme con desconfianza; me miran y esperan encontrar razones traumáticas por las que no quiero tomar más cerveza. Quieren escuchar un drama profundo, una historia con gritos, mentadas de madre, un robo, un accidente, sexo casual salido a mal y lagunas mentales. De eso si ha habido pero muy poco, la verdad.

2.    Qué si uno no bebe está trabajando. La otra noche estábamos en la apertura de un evento en el espacio de arte que yo coordino con unos amigos, casi a la media noche yo estaba cansando, aunque contento y me estaba divirtiendo mucho. En esas volvimos al tema por alguna razón y después de conversar un rato, Marcela me dijo: “entonces, tú en este momento estás trabajando”. Esa idea me quedó rondando en la cabeza porque parece que hay una delimitación muy clara de lo que constituye para nosotros los momentos de trabajo y los de esparcimiento y esa línea es la del consumo de alcohol. Cuando uno trabaja no puede beber y cuando bebe es porque ya no está trabajando. Entonces ¿yo estoy trabajando todo el tiempo? Será que mi animo y mi voluntad de no beber me han condenado a estar siempre en modo trabajar?

sábado, 4 de marzo de 2017

Miscelánea de asuntos del sábado: disculpas y absolución.

Yo tengo la extraña idea de que nadie me lee en Twitter. Desde que empecé con esta cuenta siempre he intentado guardar un bajo perfil, nunca me ha interesado mostrar mi rostro y tampoco ha sido mi objetivo crear un red de amigos. Lo único que yo quería cuando inventé a Lolo el Rolo era tener un espacio donde pudiera lanzar madrazos al mundo, expresar mis opiniones y hacerlo lejos de la mirada juzgona de mis conocidos, familiares y amigos. Comprendí a fuerza de golpes el riesgo que implicaba poner mis emociones en público y por eso decidí reservarme mi identidad. Muchos ahora saben quién soy pero hasta ahora –incluso en mis épocas de mayor tráfico y mayor movimiento— me he dedicado a escribir de lo que pienso y a contar historias sobre mi vida sin esperar a que alguien me las valide, ya que en serio pienso que nadie me lee y que no a muchos les importa lo que yo tenga que decir.

Sin embargo, como a veces lo que uno cree no es la realidad, me di cuenta de que alguien sí me leía. En un momento de soledad nocturno se me ocurrió poner un tweet en el que hablaba de dos personas. ¿Qué fue lo que me sucedió en ese instante? Un bache puro de melancolía y debilidad. Y luego alguna persona que me seguía vio el mensaje y decidió mencionar a una de las personas de las que yo hablaba y a su actual pareja. El tweet si hablaba de uno de ellos, pero no sobre el otro. Las dos personas mencionadas por mí no están (hasta donde sé)  relacionadas, pero la persona que los mencionó luego lo tomó así.

domingo, 1 de enero de 2017

2016: el año del cangrejo.

En Colombia se le llama “cangrejear” al acto de caminar para atrás. Uno “cangrejea” cuando vuelve con un ex o cuando se reencuentra con amantes del pasado, cuando hace cosas que había hecho antes y que, muy seguramente, no debería volver a hacer. Pues en ese sentido mi 2016 fue el año del cangrejeo, el año del cangrejo.
Desde el comienzo del año me dejé llevar por la fascinación del pasado y eso me trajo tanto cosas buenas como cosas no tan buenas. Lo primero que hice este año, después del éxito del 2015 fue regresar a continuar investigando sobre el barrio Santa Fe. Después de haberle otorgado a ese lugar y a Wilson Manríquez casi dos años enteros de investigación, entrevistas y recorridos y de haber publicado la crónica de la chaza y el chocho, volví allí. Esta vez volví con William, con Alejandro y con la Mona para seguir mirando. En 2016 hicimos recorridos fotográficos al amanecer, visitamos casas viejas, apartamentos nuevos, solares, tiendas, restaurantes, calles y –a pesar del cansancio– seguimos impulsados haciendo arte o algo que pensamos que se le parece mucho. En 2016 Alejo, William y yo revisitamos nuestra vieja relación de arte/negocios llamada Colectivo Herramientas Audiovisuales Pedagógicas y por eso desde finales del 2015 existe Sin Sala, el espacio en el que jugamos a ser artistas y gestores. Nada mejor que eso.

martes, 11 de octubre de 2016

Mi reflexión sobre el #DíaInternacionalParaSalirdelClóset


Hoy se celebra el Coming Out Day o el Día para salir del closet. Este día tiene como objetivo, entre otros, tomar conciencia sobre la importancia de hablar abiertamente sobre la homosexualidad de uno. Sin embargo, creo que es necesario pensar el closet y preguntarse qué implica estar en él o salir de él.
El closet ha sido encasillado como un lugar frío y oscuro –contrario a la tierra del arcoíris, donde corren efebos desnudos y se escucha a Madonna y a Britney Spears, donde para entrar hay que vestirse de marca y pagar cover a la entrada– y en el que se han quedado metidas las personas que no son capaces de admitir su orientación sexual diversa. Salir del closet se ha convertido en un acto de valentía. A aquellos que se han quedado en el closet se les ha puesto la etiqueta de cobardes e incluso de ser falsos, de no reconocerse y no valorarse si mismos ante las demás personas.
Salir del closet no es algo fácil. Para muchas personas reconocer abiertamente ante la familia, los amigos, los compañeros de trabajo o el público en general que se es gay o lesbiana, o trans u otros, les lleva años de concienzudo cuestionamiento. Algunas personas no le hallan el verdadero beneficio y se quedan en él. Así mismo también hay personas para quienes es mejor estar afuera del closet porque les trae beneficios, posibilidades y privilegios, e incluso se sienten más genuinos y más fieles a sí mismos (ya sea porque encuentran sus verdaderos amigos, se sienten libres o también conozco el caso de varias ciudades en Colombia donde para triunfar en  las artes hay que ser gay).

domingo, 4 de septiembre de 2016

La muerta Jorge (actividad onírica)


Juan habla dormido. En algunas de las noches que he pasado a su lado sus palabras me han despertado y he terminado respondiendo preguntas o accediendo a requerimientos que, en sueños, le hace a la noche.
–Soy la persona con mayor cantidad de actividad onírica que conozco –me dijo cuando le reclamé por despertarme–, todas las noches hablo dormido, sueño y recuerdo lo que hay en las imágenes en mi cabeza.
Una noche aquí en Bogotá, cuando fui a verlo en casa de sus amigos Antonio y Alberto, me contó que había soñado con la muerta Jorge. Yo no sabía a quién se refería ni quién era Jorge, no sabía si en serio estaba muerta, ni por qué si se llamaba Jorge le decían “la muerta”.
–Yo lo vi claritíco –me contó– estábamos como saliendo para una rumba y él me dijo que era una jartera que no podía ir a rumbear con nosotros porque estaba muerta, ¡hijueputa vida!
Antonio y Alberto son dos de los mejores amigos de Juan y cada vez que viene a Bogotá se queda en su casa, viven en el centro cerca de la Biblioteca Nacional. Los dos han estado unidos por más de diez años y a pesar de los altos y bajos de la vida se han mantenido juntos, son antes que todo una familia. Los entonces adolescentes se conocieron mientras Antonio paseaba en Villavo hace un poco más de diez años. Al final del paseo Antonio se vino para Bogotá con Alberto y desde ese momento han sido inseparables. Los dos aman la misma música, comparten deudas y negocios, fuman los mismos cigarrillos y son parte el uno del otro de todas sus eternas anécdotas. Juan me contó que Jorge vivió con Antonio y Alberto por varios años.
Cuando Juan habló de "la muerta" la pareja estalló en risas. Eso tampoco lo entendí pero sí leí en sus rostros que el alboroto venía porque Jorge había sido para ellos alguien muy importante. Alberto se sentó derecho en el sofá con el cuerpo hacia Antonio pero mirando a Juan y sin que yo se lo hubiera pedido comenzó a narrar con su voz metálica la historia de la muerta.

martes, 30 de agosto de 2016

Amor eterno e inolvidable (temor a la muerte)

Se murió Juan Gabriel hace dos días y como alarmas en la mañana, se encendieron sus canciones. Desde ese día se han repetido en la radio y en las redes sociales las canciones del cantante mexicano como recordatorio y despedida. En mi cabeza suena Amor eterno una y otra vez.

Tengo desde hace dos días también pegada en mi mente un relato de Pedro Lemebel. Mientras el mexicano canta, el chileno narra un lamento navideño lleno de soledad y de tristeza. Anoche busqué ese texto en Google y al releerlo comprendí porque suenan los dos al tiempo en mi cabeza: la madre. Juan Gabriel compuso Amor eterno en 1974, inspirado por la muerte de su mamá, noticia que recibió mientras estaba de gira en Acapulco. Lemebel escribió La navidad... Sin mami para el periódico La Nación y fue publicado el 24 de diciembre de 2006. El texto fue inspirado por la muerte de la madre del escritor en  vísperas a la navidad unos años antes.

La canción y el relato hablan de la falta y del vacío de la persona más importante de sus vidas. Los dos escriben de una manera desgarradora la melancolía vital que les produjo la muerte e incluso, Lemebel cuenta que desde ese 24 de diciembre no ha logrado volver a soportar las fiestas. Los dos ponen de manifiesto un miedo que nos acompaña a todos de manera constante y que, al final, todos tendremos que afrontar. Todos nos vamos a morir, nuestras madres han muerto o se van a morir -esperemos que no pronto-. Eso es un hecho y tanto la canción como el relato nos lo recuerdan. Pero también nos recuerdan que de la tristeza y el vacío surgen las palabras, los recuerdos y tal vez, algunas de las composiciones y los textos más hermosos que hemos leído o escuchado.

Sea esta la ocasión para recordar a la Abuela Aura y a la tía Negra y a Clarita, quienes ya partieron y también para recordar a mi mamá, a todas mis tías y a mi abuela Rosa, quienes afortunadamente aún nos acompañan. También para agradecer y recordar a Juan Gabriel y Lemebel, quienes nos dejaron su vida y su pasión en letras:




miércoles, 6 de julio de 2016

El inicio de todo (el beso y el loco)

Mi novela empezó por allí. Un accidente que sucede justo en el momento en que los dos protagonistas se dan un beso y ahí comienza, o se acaba, la historia. También en el momento en que una familia se arranca para Bogotá.

­         –A mi marido le dio la perra y empacó las cosas –una abuela narra mientras teje—, consiguió camiones y nos vinimos. Cuando el último de mis nietos nació, Alberto echó todo lo que pudo en el camión y nos fuimos. Encima de todo, sentados en los asientos del comedor venían los niños.

La novela continúa con el relato inicial que no se desvanece: cuando tenía quince años Alejandro estaba muy enamorado pero no era correspondido. Durante meses el moreno le pidió a su mejor amiguito que se ennoviaran, que tuvieran algo, que lo dejara quererlo pero el otro niño, el rubio de ojos miel, lo rechazaba. Se llamaba Augusto. La abuela le contó a Graciela que ese nombre lo escogió por el párroco.

–El padre Augusto fue a visitarme después de que el niño nació y me dijo “póngale mi nombre, Aura”. Ese día tuvimos una fiesta, había gallina, carne desmechada, patacón. Me acuerdo de todo lo que cocinamos. Estábamos coma y coma y ahí estaba mi marido.

Hace 10 años fui a tomarme unas cervezas con Alejandro y de ahí saqué el relato. No estoy muy seguro de por qué se dio ese encuentro. Simplemente nos vimos porque habíamos hablado y salimos a conversar porque él trabajaba cerca de donde yo vivía. Fuimos a una casa donde había una comilona, también gallina, y me contó la historia de Augusto. Resulta que por fin, después de muchos intentos, Alejandro había conseguido que su objeto amoroso lo aceptara y empezaron a tener “un cuento”. Sin embargo, en su primer encuentro como pareja, mientras iban caminando por una avenida de Bogotá, un camión perdió los frenos y se les vino encima a los despreocupados adolescentes.

Mi novela empezó por allí. Por ese instante en que los dos personajes comienzan a amarse y son víctimas del destino fatal. Augusto estuvo 15 días en coma mientras que a Alejandro no le sucedió nada. Cuando Alejandro llegaba a la pieza donde cuidaban a Augusto, este último –loco y casi inválido— le gritaba “quítese de ahí que usted está muy ancho”.

–Es que Alejandro estaba muy gordo –comentaba la abuela—.

Después los dos chicos se alejaron y no se volvieron a hablar nunca.