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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tensión sexual extrema, El primo #shortfilm


En Una última voluntad, uno de los primeros cortos de Marco Berger, también en El reloj y Platero, cortos que ya he reseñado aquí y en sus películas, se pueden ver los elementos primordiales que a Berger le interesa mostrar: hombres que descubren el gusto que sienten por otros hombres, situaciones incomodas que obligan a los personajes a ponerse en contacto con ese gusto y -excepto por La última voluntad- calor y poca ropa. También, y este es un detalle especial, en Argentina, según Berger, todos los hombres duermen bocarriba, nadie duerme de lado ni bocabajo.
En esta entrada, para terminar con Marco Berger, muestro dos cortos que encontré de él en YouTube. El primero es La última voluntad, de 2007 y el segundo es El primo, un cortometraje que hace parte de Tensión sexual, Volumen 1: Volátiluna película dirigido por Berger a cuatro manos con Marcelo Mónaco.
En estos cortos aparecen ya los actores y los personajes que se volverán recurrentes y que estarán en las siguientes películas del director. También se pueden ver las situaciones que se irán desarrollando y complejizando y que se plasmarán en Tensión sexual.


sábado, 15 de marzo de 2014

Un encuentro con el pasado en sueños (y dos años de espera para el amor)

La escena era un poco confusa como todos los sueños. Yo estaba jugando con mi hermano y con otras personas a quienes no recuerdo en la calle y de repente Martin apareció allí, sentado en una bicicleta. Yo interrumpí el juego y fui a saludarlo. Lo abracé y le dije cosas del tipo que era muy bueno verlo y que se veía muy bien, cordialidades que le dice uno a la gente cuando se la encuentra de la nada. Recuerdo que en el sueño cuando lo vi me sentí genuinamente contento, lo abracé con cariño y volví a grabar en mi memoria su piel muy blanca y sus ojos marrones. La gente que estaba jugando conmigo no entendía muy bien que pasaba y esperaban a que yo volviera a jugar con ellos.
La última vez que tuve contacto con Martin en la vida real, no en un sueño, fue el año pasado cuando me escribió fue para felicitarme por mi cumpleaños y para contarme que iría a Argentina en enero de 2014. Tenía planeado, como todos los años, viajar fuera de Estocolmo y pasaría el verano porteño con Adolf. Luego los dos irían a Sao Paulo. Me preguntó si de casualidad no planeaba viajar a Buenos Aires para esa época. Le respondí que me alegraba mucho pero no le dije nada más. Le ofrecí las cordialidades típicas del caso y no ahondé en el tema ni le hice más preguntas.


martes, 11 de marzo de 2014

Tercer día en la piscina ¿quieren saber lo que vi?

Hoy fue mi tercer día de clase de natación. Me duele todo, tengo las rodillas raspadas, siento carraspera en la garganta y estoy totalmente agotado. En la clase de hoy el instructor nos puso a hacer tres ejercicios diferentes. El primero era hacer la flecha pero teníamos que respirar y botar el aire, sacar la cabeza, respirar y botar el aire. Luego nos puso a hacer la misma flecha pero de espaldas y no la logré. Me hundía, me volteaba, tragaba agua, no me lograba relajar. Al final tuvimos que hacer otro ejercicio que consistía en lanzarnos por encima de los flotadores largos varias veces haciendo un recorrido. Este recorrido lo hacíamos por lo menos seis veces persiguiéndonos los unos a los otros. Yo estaba al final de la línea así que yo terminé la clase, cerré el ciclo y terminé rendido.

Al terminar la clase fui a hacer la rutina normal de bañarme y vestirme. Cuando estaba casi listo para salir y me estaba poniendo las medias y los zapatos un señor de unos 40 años, blanco, rubio de ojos claros y contextura gruesa a quien había visto ayer llegó de las duchas a terminar de arreglarse. No pude hacer más sino quedarme viéndolo. Siempre he tenido una fascinación por los extranjeros, fascinación que he controlado desde hace unos años cuando decidí dejar de tirarme a los pies de cualquier europeo, argentino o new yorker. El señor venía caminando en toalla y se dispuso a arreglarse en medio de un grupo de nadadores de la clase de principiantes que se estaba terminando de vestir. El gringo dejó que la toalla se descolgara sobre sus piernas y empezó a secarse todo el cuerpo, de pie, poniendo al descubierto sus genitales. Por un momento me fijé en su cuerpo, en los pelos de su pecho y en la blancura de su piel y de su pene, luego dejé de mirarlo y recorrí el resto de la escena con la mirada. Los demás nadadores continuaban vistiéndose pero al frente de mi, uno de mis compañeros de clase --un señor con pinta de campesino mas o menos de 45 años-- tenía la mirada fija en el gringo desnudo y mojado. Le miraba la entrepierna con los ojos fijos. De repente dejó de mirar al gringo y se fijó en que yo lo estaba mirando. Dejamos de mirarnos. Yo me fui.


Espero que mañana me vaya mejor.