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sábado, 27 de septiembre de 2014

El gran señor abandona a su concubina (Arqueología gay)

Cuando tenía 15 o 16 años mis papás se estaban divorciando y yo estaba empezando a entender que los hombres me atraían emocional y sexualmente. En esa época acceder al Internet no era tal fácil, así que gran parte de la información que yo obtenía sobre las cosas gay del mundo venían de los libros o de la parabólica a la media noche. Fue en alguna de esas noches de insomnio que vi por primera vez Adiós a mi concubina, la película china de 1993 dirigida por Chen Kaige. Después de ver la película, me mantuve obsesionado por años con la historia del niño que no quería ser niña, con el color y las imágenes de la China de principios del siglo XX y con el montaje, el vestuario, el sonido y la música de aquello que también en oriente se le llama ópera.

Hasta hace muy poco en ese país los roles protagónicos femeninos debían ser interpretados por actores varones. Por esto Dieyi –el hijo de una prostituta abandonado en una escuela de teatro chino a principios del siglo XX– es obligado a asumir el rol de las monjas y las doncellas y es castigado cuando no logra recitar los diálogos femeninos. El protector de Dieyi es Xiaolou, un niño fuerte y agresivo, quien se convertirá con el tiempo en su hermano de escenario. Xiaolou crece para interpretar con fama y éxito al gran señor y Dieyi será para siempre su concubina.

Esta semana volví a ver la película y reviví la pesada y conflictiva relación de los dos niños. Entre los dos existirá siempre la imposibilidad del amor aunque su  misión sea estar siempre juntos como gran señor y concubina. Dieyi está enamorado de Xiaolou, pero este último se casa con una prostituta. La historia de los dos actores atraviesa el siglo XX, desde la invasión japonesa, pasando por la institución de la República Popular de China y la revolución cultural maoísta.  Esta película es una obra maestra de la literatura, del cine y de la historia que recomiendo ver, si es posible, una y otra vez. 

La película completa con subtitulos en español se puede ver haciendo clic en la imagen. 

jueves, 20 de junio de 2013

Aprender a ser queer...

Yo no me denomino queer. Es más, yo sigo siendo uno de esos retrógrados que sigue diciendo que es gay y que continúa sintiéndose orgulloso de los alcances de todas aquellas personas que que se han asumido y se han denominado como gay. Pero hay algo que si comparto con los queer o por lo menos con lo que la teoría queer implica.

Pienso que ser gay o la sexualidad es un punto de partida. Que ser gay lo localiza a uno en un lugar disidente y que eso hace que uno sea siempre un poco revolucionario parado enfrente de las estructuras tradicionales y normativas. Ser gay es ocupar una perspectiva, es simplemente ocupar un lugar en el mundo, tener un lugar de enunciación.

Pero ser gay no es un ideal, mejor dicho, si lo es, pero me molesta que lo sea. me molesta que porque uno es un hombre gay tenga que ir al gimnasio y ser fashion y tener plata y estar orgulloso de no tener hijos y viajar, me molesta eso porque nadie me puede decir que es lo que tengo que hacer en la vida.

Prefiero pensar en que ser gay me localiza en el cuadrito de salida del juego, y que a punta de dadazos voy a ir construyendo. De a cuadro en cuadro.

Hasta aqui termina mi ranting del día.

Lo estoy haciendo porque estoy terminando de hacerle las correcciones a la tesis. Creo que ya las terminé pero quiero dejar que descanse para volverlas a revisar y enviarselas a mi asesora. Hoy terminé de hacer cambios antes de clase y me sentí bastante emocionado. El texto me encanta, me encanta lo que hice.

Necesito empezar a contactar a los blogueros...