Mostrando entradas con la etiqueta lose yourself to dance. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lose yourself to dance. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de marzo de 2014

Dos canciones para alocarse y bailar con uno mismo: Bailo con mi sobra y dancing with myself

Si bien el arte de bailar en soledad fue una práctica que tuvo su mayor auge en la década de los ochenta, aún subsiste y no vale la pena permitir que se pierda. Por eso, para recordar esta práctica gloriosa e inmortal  --que luego se convertiría en la base para bailes de una sola persona como el trans y el tecno-- traigo dos temas especializados en este oficio. Las dos canciones tienen como tema central el uno-baila-con-uno-mismo.

Esta es una invitación a que pongan la música a todo volumen, a que se quiten la ropa y se olviden del frío. Los convido a que se pongan su ropa interior más bonita, esos boxers con los que se sienten unos sementales y/o ese brassier y esa tanga con que se sienten unas misses (también pueden hacer un trans baile). Pónganse (pongámonos) a bailar encima de la cama, en la cocina, frente al espejo en el baño con estos dos temas súper clásicos. El primero del año de 1986 y el segundo de 1981.

 Llegando a casa estoy / y sé que todo será igual / Ir a mi habitación / subir la radio hasta explotar / soñar estar tocando / en una banda de rock'n roll / soñar que todo el mundo / está escuchando, menos vos. 
Bailo, bailo hasta caer / con mi sombra en la pared / nada que perder / bailo con mi sombra en la pared.


On the floor of Tokyo / Or down in London town to go, go / With the record selection / And the mirror's reflection / I'm dancing with myself.
When there's no-one else in sight / In the crowded lonely night /  Well I wait so long /  For my love vibration / And I'm dancing with myself.
Oh dancing with myself / Oh dancing with myself / Well there's nothing to lose / And there's nothing to prove / I'll be dancing with myself

miércoles, 19 de marzo de 2014

Relajarse y respirar, la clave para la natación y para el sexo: día nueve

Desde hace un par de semanas un vecinito, un muchacho de 29 años me ha estado cortejando. Hablamos seguido por whatsapp e incluso el otro día me trajo una cerveza y nos pusimos a charlar en la entrada de mi edificio. Es bien bonito, delgadito y según me dice tiene el pecho peludito; vi también que tiene las piernas peludas y bien torneadas. El hombre es un caramelo, dulce, tierno, tranquilo, pero tiene un inconveniente: es intenso. Nos hemos visto solo dos veces –la primera salimos a tomar café y la segunda fue el día de la cerveza— y cuando hablamos por whatsapp termina diciéndome que quiere algo conmigo o lo lindo que sería que estuviéramos juntos o que me quiere para mas que solo lo físico. Cuando yo me pongo frisky y quiero morbosearmelo un ratico para amasarle las carnitas termina diciéndome que sería muy afortunado si pasara algo entre nosotros. No permite que fluya la conversación, no deja que yo persiga mi presa con mi prosa, la cual se ha convertido últimamente en mi arma de conquista. Me he dado cuenta que si quiero conseguir algo de un tipo me gusta lucharlo un poquito y eso lo hago escribiéndole cosas lindas, contándole historias, conversándolo, trabajando indirectas, doblesentidos, contando anécdotas, calentándole la mente para llegar al cuerpo (no siempre funciona *suspiro*). ¡OJO! Hay una diferencia muy grande entre endulzar el oído o pintar pajaritos en el aire y lo que yo hago. Yo les cuento una historia cachonda de a poquitos y voy midiendo las aguas, los voy antojando e intento que queden con ganas de verme o por lo menos que quieran escuchar un poco más, que se calienten, y el resto es carpintería, un lugar, un trago…