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lunes, 7 de marzo de 2016

#Chile: Entre la cordillera y el mar, entre Neruda y Allende. Miguel Littín clandestino y sus documentales

La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile para mi fue un viaje. Su lectura es una travesía entre el mundo y Santiago, entre el ahora, 1985 y una época que comenzó con el golpe militar en Chile, entre yo y mis recuerdos. Leer ese libro fue conocer y reconocer los testimonios de una época inquietante y volver a escuchar en palabras de muchos desconocidos las historias que leí en libros, que me contaron en reuniones, que me narraron los amigos y que la Berta me contaba mientras tomábamos tecito en el comedor de su casa y mientras recordábamos al Alamiro y al Faruk.

De la serie de episodios todos me parecieron fascinantes, sobre el primero y el segundo ya había hablado en la entrada anterior: el primero, por la entrevista al militar torturador, por la opinión de los miembros del gobierno, por la vista de un Santiago familiar y desconocido. El segundo porque las historias del norte, del desierto y de la pampa salitrera, eran historias que leímos en cartas con la Berta y que se vieron alimentadas ahora por las imágenes en movimiento.

lunes, 15 de junio de 2015

Mi traducción/interpretación de Blue Moon de Billie Holiday

Hace dos clases Cristian nos pidió que intentáramos traducir la letra de la canción Blue moon (1952) de Billie Holiday. El objetivo del ejercicio era componer la letra en español teniendo en cuenta la métrica en inglés y el ritmo de la canción para que el fraseo compuesto por nosotros cuadrara. Realizar la traducción de la historia que cuenta la canción me fue imposible, por lo que compuse un historia algo similar, conservando los dos momentos en que esta dividida la narración original. Primero hay una conversación con la luna y luego un encuentro (reencuentro). Este es el resultado:

Azul
Azul, solo me queda el azul
De aquellos ojos que el mar
Jamás me devolverá

Luna, me arrebataste el amor
Y aunque me empañe el dolor
Jamás voy a renunciar

Me devolviste la ilusión perdida
Una mañana cuando ya te ibas
Yo desperté y su cuerpo aun dormía
Pero en mis sueños ella ya era mía

Azul, ha regresado el azul
De una mirada que el sol
Sin temor me regaló


martes, 17 de febrero de 2015

Te vas como el que apaga la luz, ensayo poético con @Julianadelaurel #poesía

En el invierno de 2005 yo vivía en una casita de ladrillos pintados de rojo que compartía con una japonesa, un filipino y una turca. Mi habitación estaba en el segundo piso, justo encima de una sala de paredes amarillas. Allí se hospedó Esteban, un amigo costarricense que llegó de visita al norte de Londres, de paso para Europa.
Esteban tenía tres años mas que yo, 26. No era muy guapo pero a mi me encantaba su piel blancuzca, su pelo negro bien crespo y como cantaba. Durante las dos semanas que se quedó en mi casa comíamos siempre juntos, caminábamos bajo la lluvia, íbamos a museos, al cine y charlábamos todas las noches hasta entrada la madrugada. Nos reíamos mucho. La noche de navidad nos quedamos juntos, hicimos el amor y descubrimos que estábamos enamorados. La mañana siguiente él mencionó que aquello era algo que debía haber pasado hacía muchísimo tiempo.

martes, 24 de septiembre de 2013

Poema "Grieta Matinal" de Alvaro Mutis

Cala tu miseria,
sondéala, conoce sus más escondidas cavernas.
Aceita los engranajes de tu miseria,
ponla en tu camino, ábrete paso con ella
y en cada puerta golpea
con los blancos cartílagos de tu miseria.
Compárala con la de otras gentes
y mide bien el asombro de sus diferencias,
la singular agudeza de sus bordes.

Ampárate en los suaves ángulos de tu miseria.
Ten presente a cada hora
que su materia es tu materia,
el único puerto del que conoces cada rada,
cada boya, cada señal desde la cálida tierra
donde llegas a reinar como Crusoe
entre la muchedumbre de sombras
que te rozan y con las que tropiezas
sin entender su propósito ni su costumbre.

Cultiva tu miseria,
hazla perdurable,
aliméntate de su savia,
envuélvete en el manto tejido con sus más secretos hilos.
Aprende a reconocerla entre todas,
no permitas que sea familiar a los otros
ni que la prolonguen abusivamente los tuyos.

Que te sea como agua bautismal
brotada de las grandes cloacas municipales,
como los arroyos que nacen en los mataderos.
Que se confunda con tus entrañas, tu miseria;
que contenga desde ahora los capítulos de tu muerte,
los elementos de tu más certero abandono.

Nunca dejes de lado tu miseria,
así descanses a su vera
como junto al blanco cuerpo
del que se ha retirado el deseo.
Ten siempre lista tu miseria,
y no permitas que se evada por distracción o engaño.

Aprende a reconocerla hasta en sus más breves signos:
el encogerse de las finas hojas del carbonero,
el abrirse de las flores con la primera frescura de la tarde,
la soledad de una jaula de circo varada en el lodo
del camino, el hollín en los arrabales,
el vaso de latón que mide la sopa en los cuarteles,
la ropa desordenada de los ciegos,
las campanillas que agotan su llamado
en el solar sembrado de eucaliptos,
el yodo de las navegaciones.

No mezcles tu miseria en los asuntos de cada día.
Aprende a guardarla para las horas de tu solaz
y teje con ella la verdadera,
la sola materia perdurable
de tu episodio sobre la tierra.

Poema "cita" por Alvaro Mutis


Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera
golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos,
en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren
en un estruendo que se confunde con el de las aguas;
allí, bajo la plancha de cemento,
con sus telarañas y sus grietas
donde moran grandes insectos y duermen los murciélagos;
allí, junto a la fresca espuma que salta contra las piedras;
allí bien pudiera ser.
O tal vez en un cuarto de hotel,
en una ciudad a donde acuden los tratantes de ganado,
los comerciantes en mieles, los tostadores de café.
A la hora de mayor bullicio en las calles,
cuando se encienden las primeras luces
y se abren los burdeles
y de las cantinas sube la algarabía de los tocadiscos,
el chocar de los vasos y el golpe de las bolas de billar;
a esa hora convendría la cita
y tampoco habría esta vez  incómodos testigos,
ni gentes de nuestro trato,
ni nada distinto de lo que antes te dije:
una pieza de hotel, con su aroma a jabón barato
y su cama manchada por la cópula urbana
de los ahítos hacendados.
O quizá en el hangar abandonado en la selva,
a donde arrimaban los hidroaviones para dejar el correo.
Hay allí un cierto sosiego, un gótico recogimiento
bajo la estructura de vigas metálicas
invadidas por el óxido
y teñidas por un polen color naranja.
Afuera, el lento desorden de la selva,
su espeso aliento recorrido
de pronto por la gritería de los monos
y las bandadas de aves grasientas y rijosas.
Adentro, un aire suave poblado de líquenes
listado por el tañido de las láminas.
También allí la soledad necesaria,
el indispensable desamparo, el acre albedrío.
Otros lugares habría y muy diversas circunstancias;
pero al cabo es en nosotros
donde sucede el encuentro
y de nada sirve prepararlo ni esperarlo.
La muerte bienvenida nos exime de toda vana sorpresa.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Mi poema favorito: Bolero de Cortazar

Estoy escribiendo la pagina treinta y algo de mi novela y en uno de sus párrafos el personaje principal habla sobre un poema de Cortázar. La verdad es que mi poema favorito de él es Bolero. Lo dediqué una vez y lo dedicaría de nuevo. Y Bolero dice así:

                                                                        BOLERO

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,

mi amor.