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martes, 18 de marzo de 2014

Natación día ocho: el tirabuzón y Somersault

Hoy me tocó pedirle al profe que me dijera si estaba haciendo las cosas bien. Me dio un pulgar arriba y seguí. Me sentí como un niño pero es que a veces no sé si me mira y quiero saber si no estoy cometiendo errores. Hoy hicimos dos ejercicios, primero el tirabuzón, el que consiste en hacer la flecha y luego respirar y voltearse. Como siempre el profe enseña una cosa y luego resulta que lo correcto es hacer lo contrario. El otro ejercicio que hicimos fue hacer la flecha y botar el aire pateando y braceando. Es la primera vez que hacemos esto y me salió bien, por eso fue me que me dio el pulgar arriba.

Tengo ganas de tener un piscina, o de ir a piscina en otra parte a practicar. Quiero perder un poco de peso y ser un poco más delgado y más tonificado. Quiero plata y muchas otras cosas. Hoy salí de clase y me sentía contento, no como ayer cuando terminamos. Salí de clase y sentía que había algo tremendamente malo conmigo porque no había hecho el tirabuzón bien.



Nota mental: un tirabuzón es un sacacorcho. DRAE: Tirabuzón. (Del fr. tire-bouchon). 1. m. Rizo de cabello, largo y pendiente en espiral. 2. m. sacacorchos. sacar algo con ~. 1. loc. verb. coloq. Sacarlo a la fuerza. Se dice especialmente de las palabras que se obliga a decir a una persona callada. Estaba buscando tirabuzón en youtube y me encontré este vídeo, el de la vuelta americana, ojalá pueda seguir nadando y pueda aprender algo así. 

Viendo el vídeo escuché la palabra somersault. Esta palabra es el titulo de una canción de Zero-7 que me gusta mucho. Varias veces intenté encontrar el significado de esa palabra pero no pude. Ahora acabo de enterarme que somersault es la vuelta con la que empieza el giro de cabeza que se hace para impulsarse cuando uno alcanza la otra orilla de la piscina. Me gustó saber esto y por eso dejo esta canción para finalizar la entrada.

viernes, 14 de marzo de 2014

Nos dijimos los nombres y nos lanzamos al agua: día seis de clase de natación

Mi compañero moreno que utiliza siempre camiseta se llama Javier. “Yo no me llamo Javier… o si” me dijo, parafraseando la canción, cuando le pregunté cómo se llamaba. Yo le pregunté su nombre después de que él me preguntó el mío. Todo esto sucedió una ronda de saltos después de que yo le preguntara al compañero bajito, guapo y delgado como se llamaba. Se llama Eduard. Me imagino que es médico porque tiene un aire a un médico que conocí en diciembre aunque parece muy niño.
Estas presentaciones sucedieron mientras hacíamos fila para lanzarnos a la piscina. El ejercicio del día consistía en mandarnos por turnos a la parte profunda y desplazarnos hasta lo pandito pateando y haciendo burbujas. No sobra decir que hacer esto es un ejercicio agotador cuando uno tiene que hacerlo 20 veces en un periodo de una hora. Creo que esta semana he hecho más ejercicio que lo que había hecho en los últimos tres meses.
Mientras hacíamos las rondas el instructor nos volvió a repetir hoy una frase que me dijo ayer cuando nos encontramos y me contó su historia completa. Leonardo dijo que todo en la vida se hace más fácil o mejor cuando se hace con amor. Cuando alguien saca a colación semejante frase siempre termino preguntándome ¿de dónde saco el amor? ¿cómo hago para ponérselo a la clase de natación o a cualquier cosa ?
La pregunta no tiene respuesta, pero creo que lo más parecido al amor es la actitud que tiene mi compañero Javier en la clase, actitud un poco parecida a la mía. Yo lo veo y él siempre se está gozando todos los ejercicios. Él siempre tiene esa sonrisa en la cara y esas ganas de divertirse en clase. Hoy por ejemplo, después de las flechas iniciales Leonardo nos pidió que tomáramos un chorizo y que fuéramos al lado profundo de la piscina. Cuando estábamos yendo todos para allá preguntó ¿Quién es el valiente que se va a lanzar primero? Javier venía trotando junto al grupo y cuando escuchó la pregunta sin chistar dijo yo y se mandó de una. Yo lo seguí y otro compañero más. Me encanta estar cerca de él y sentir que hay alguien a quien le gusta tanto la clase como yo, alguien que tiene ganas de aprender y de gozarse el asunto.  No sé si eso sea el amor al que se refiere Leonardo pero creo que por ahí podría estar la cosa.
Me sigo sintiendo enfermo con esta gripa desastrosa, pero sigo sintiendo que durante la clase me siento bien. Ahora tengo el fin de semana para mejorarme y pasar por lo de la presentación de Milinviernos y el lunes volver un poco más recuperado a patalear, burbujear, jugar y aprender y seguir molido en la semana dos de la clase de natación. También me alegra que el muchacho de la mirada dulce del grupo de principiantes haya comenzado a hablarme. Desde que comenzó el curso yo me he cambiado junto a él y a dos otros nadadores más que están en ese curso. El día que empezamos el curso yo no sabía cómo hacer nada así que sólo los seguí porque ellos parecían confiados e hice lo mismo que ellos hacían para entrar  a la piscina. Ahora el muchacho me ha hablado para aconsejarme cosas sobre los lockers y me ha preguntado sobre mi clase. Yo le pregunto cosas de vuelta y le sonrío.  

Me encontré esta galería de fotos de nadadores bajo el agua que está muy chévere


http://www.marktipple.com/summer2012

jueves, 13 de marzo de 2014

Expulsar todo el aire y hundirse

En mi clase de natación hay un muchacho de unos 35 años o tal vez un poco más. Él es moreno y  siempre lleva una camiseta deportiva del mismo color y material de la pantaloneta y en alguna ocasión comentó que le daba miedo hacer mucho esfuerzo con una pierna porque ha tenido muchas lesiones. Nunca lo he visto el torso desnudo, siempre tiene la camiseta puesta en clase y me imagino que debe tener cicatrices o algo raro en la parte superior del cuerpo. Ayer cuando estábamos en la parte profunda de la piscina me dijo que nos hundiéramos y nos viéramos abajo. No fui capaz, sentí que me ahogaba pero hoy aprendí el truco para hundirme y quedarme abajo.

El instructor nos enseñó que para estar hundido hay que dejar salir todo el aire, expulsarlo y así el cuerpo se vuelve pesado y se queda en el fondo. Después de enseñarnos eso nos puso a hacer un ejercicio que consistía en sumergirnos y pasar por varios hula hopos por debajo del agua. En el primer intento logré pasar por 5 y en el segundo lo pasé todos. Hoy salí de clase sintiendo que había pasado otra barrera y que había aprendido algo nuevo, no como ayer que me sentía derrotado y más enfermo que nunca. Hoy también me siento enfermo pero cuando estoy en la piscina me siento más tranquilo y menos afectado.  

Al final de la clase le toqué el hombre al compañero moreno y le dije que nos viéramos en el fondo de la piscina. No nos vimos en lo profundo pero si me hundí e hice lo que no había hecho ayer.

Cuando iba llegando para clase, a las 6 y 40 am, me encontré en la 68 al instructor y se vino contándome toda su vida hasta que llegamos a la Cruz Roja. Leonardo, ese es su nombre, tiene 24 años y lleva viviendo 8 meses en Bogotá. 

Dejo aquí dos vídeos de la piscina mas profunda del mundo, la Nemo 33 en Bruselas.
En Video: La piscina más profunda del mundo por Globovision

)

miércoles, 12 de marzo de 2014

Temor a lo profundo


Hoy día cuatro, siento que la cosa dejó de ser tan bonita como fue los dos primeros días. El día uno y dos yo sentía un placer gigante al estar en la piscina, sentía que podía hacer los ejercicios y podía avanzar, pero en los dos últimos días me he sentido incapaz. Mientras estaba en la parte profunda intenté hacer los ejercicios de respiración y dejar salir las burbujas pero por alguna razón, supongo que por el miedo, este sencillo ejercicio se me hacía muy difícil y no pude. Se me llenaba el cuerpo de agua, no podía mantenerme tranquilo. Supongo que lo que tengo que hacer es aprender a hacer las cosas paso por paso, primero tomar aire, luego hundirme y luego soltar las burbujas. Intentar no hacer las cosas de una sino ir paso por paso, por lo menos en principio.

Hoy el instructor nos hizo hacer la flecha para llegar de un extremo al otro de la piscina. Llegué hasta la mitad y cuando me di cuenta que estaba nadando o flotando sobre lo profundo me aterroricé. Todos estábamos aterrorizados, quietos y el instructor tuvo que ayudarnos uno a uno a llegar hasta el otro extremo de la piscina. Según el no hay que temer en ninguna parte de la piscina porque es la misma agua. La profundidad es diferente pero lo mismo que hacemos en la parte panda lo podemos hacer en la parte profunda. También según el instructor, tenemos que recordar que lo más importante es relajarse y aprender a respirar.

Tampoco me ayuda para nada sentirme tan enfermo, bueno no estoy TAN enfermo, pero si me siento afectado en los bronquios. Algo me pasa, no sé si es gripe, no sé si es algo por el agua fría. A eso también hay que sumarle el temor a lo profundo que he visto que tenemos la mayoría de los practicantes. Hace un rato decidí ver fotos en Tumblr de piscinas bajo el agua y la sensación que obtuve fue de pánico. Ver esas imágenes me conmovía y me hacía sentir atemorizado. Bajo el agua es un lugar inquietante y perturbador que no manejo. No se cómo comportarme allí y no sé cómo hacer para tranquilizarme. Yo sé que no me va a pasar nada, el instructor está allí, los compañeros están allí, necesito relajarme y respirar. Debo abrir los ojos, mirar alrededor, reconocer el entorno. No tengo imágenes en mi memoria del lugar que es abajo del agua en la piscina. Parece como si hubiera estado conscientemente evitando ese lugar en el que tengo que estar metido.

Tal vez estoy intentando abstraerme y mantenerme aislado de ese lugar que tanto me gusta, tal vez necesito intentar conocerlo un poco más, hacerme consiente de como es, conocer sus dimensiones, su forma, sus detalles para así no tenerme miedo.



lunes, 10 de marzo de 2014

Hoy salté a la parte honda de la piscina por primera vez

Hoy fue mi día dos del curso de natación. Volví a sentir lo que sentí el viernes en mi primer día: que puedo aprender, que me gusta, que me siento nuevo y que no le tengo tanto miedo. Tal vez lo único que no me gustó hoy fue que apareció un compañerito nuevo, un señor gordito que parecía no conocer las normas básicas de organización. El señor simplemente se pasaba por el frente de todo el mundo y se lanzaba a hacer los ejercicios saltándose la fila. Además se me ponía al frente o y se me cruzaba con si minúsculo traje de baño cuando era mi turno para hacer los ejercicios. Me pareció un personaje inquietante.

Al final de la clase, el último ejercicio propuesto por el instructor fue pararnos en dos filas y lanzarnos a la parte honda de la piscina. Teníamos que sostener uno de esos flotadores tubulares, respirar y mandarnos. Según Leonardo, el profesor -un muchacho paisa que no debe tener más de 28 años- el objetivo del ejercicio era aprender a tener confianza en la piscina. Todos los alumnos nos paramos en el borde simplemente a esperar a que fuera nuestro turno para botarnos al agua. Todos estuvimos por un buen rato preguntándonos ¿cómo se bota uno al agua? ¿me boto y ya? ¿no hay mas instrucciones? ¿tengo que hacer algo especial? Mientras tanto el instructor nos miraba impaciente desde el agua pidiéndonos que nos lanzáramos, que confiáramos. Insistía en que si algo pasaba él estaba ahí. Una vez que uno se lanzaba al agua y salía se podía mandar el otro. Yo no me tiré sino hasta cuando vi que el instructor no estaba distraído y estaba cerca por si algo pasaba. La primera vez que lo hice simplemente salté, flexioné las rodillas un poquito y me fui. Tengo grabada la imagen en mi cabeza de las burbujas subiendo alrededor mío y la superficie de la piscina desde abajo. También recuerdo una sensación de tranquilidad por haberlo hecho y por saber que en algún momento iba a salir a la superficie.


El señor gordito siguió atravesándose por toda la hora de clase. La señora con la que he hecho más confianza me dijo que yo la había pisado, empujado y magullado en un par de ocasiones. Yo le pedí disculpas y le dije que había sido sin intención.