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domingo, 27 de diciembre de 2015

Cincuenta-cincuenta


Gloria continúa alentándonos a ir a la clínica. Mamá y yo pensamos que tanta gente sentada con caras largas frente a una cafetería es algo un tanto deprimente. Preferimos esperar en casa. La abuela está en misa. Anoche, en casa del tío Carlos después de la seria reunión familiar, Alix nos narró las seis ocasiones en que los ladrones habían atracado la casa en donde vivía en Pijaos cuando mi tío Fabio estaba de viaje. En esa época mi tío Carlos y mi tío Fernando tendrían 15 y 16 años. Nos reimos por primera vez en tres días. Mientras hablaban, recordé lo extrañas, pero fantásticas, que eran las celebraciones familiares allá, en el sur de Bogotá, cuando la casa se llenaba de niños, primos, y necesitábamos que una parte de la familia se quedara vigilando los carros porque El Barrio era muy peligroso. También tengo el recuerdo de asomarnos todos juntos a la medianoche a ver el panorama de la ciudad: la noche gris cubierta en destellos de pólvora, el ruido interminable de los totes y los voladores, la juventud de varias decenas de primos en varios grados, tíos, nueras, yernos, amigos y mis abuelos. Ya casi todos los hermanos, los hijos de Rosa y Heriberto están algo calvos. Mafe se casa en enero con Raco, Angie vuelve a Bolivia con Guillermo, Leo tiene a Fabiana ya casi de dos años. El abuelo aparece en unas fotos que Alejo me envió y que rotaron por el grupo de Whatsapp. Mira directo a la cámara detrás de un grupo de niños que gritan y cantan junto a un ponqué. En esa foto tiene barba y el pelo largo hasta el cuello, tendría unos 50 años. La abuela aparece al lado de él con un vestido vinotinto, un collar dorado y la piel clara. Le mostré la foto a la abuela y me dijo que ese era Gustavo. Le dije: "No abuela, es el abuelo". Se quedó mirándolo con extrañeza por un rato y seguimos charlando de otras cosas. 

Llamo a mamá pero no contesta el teléfono, seguro se quedó en misa con la abuela. Al medio día ya debemos tener noticias, sabremos si el abuelo vive o si muere, si se queda en cama o si se recupera y vuelve a caminar. 

Cincuenta-cincuenta son las posibilidades.


viernes, 15 de mayo de 2015

Enfermedades de papel #audio


Hace un par de años hice parte de un taller de periodismo con Lorenzo Morales en el Centro de Periodismo de la Universidad de los Andes. Uno de los ejercicios propuestos en clase fue hacer un perfil relacionado con el concepto “Bogotá de papel”.  Se me ocurrió partir de la idea de que cuando la gente esta enferma tiene que hacerse cientos de exámenes, pedir ordenes, escribir cartas, realizar un sinnúmero de acciones escritas o impresas en papel. 

Como en esa época yo estaba con el corazón roto por toda la historia de Gregorio, me decidí hacer un perfil del papeleo al que tiene que someterse una persona que vive con VIH. Sin embargo fue tanto el sufrimiento que no la logré y terminé entrevistando a una gran amiga que sufría de cancer. Entrevistar a doña Ethel y contar su historia me enseñó mucho; aprendí del coraje que se necesita para seguir adelante y para no dejar de soñar con el futuro que a uno le gustaría. Por eso, ahora que me veo en una situación extrañamente similar, se las comparto.