Ayer vi posteado en el muro de Facebook de un
amigo el documental argentino del año pasado llamado Borrando a papá. Mi amigo posteó el documental con un comentario en
el que afirmaba que no iba a soportar más acusaciones de machismo –que
surgieron por un chiste publicado en línea— por parte de la “plaga
feminazi”. Mi amigo ponía el documental como un ejemplo para argumentar que la
violencia de género no es sólo algo que se ejerce hacia las mujeres sino también
hacia los hombres y para demostrar que “el feminismo trasgrede, en nombre del género,
hasta las leyes”.
Después de ver el documental de Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira debo reconocer que en este punto mi amigo tiene
razón. El documental utiliza los testimonios de seis casos de hombres, separados
de sus hijos, para demostrar que en Argentina se han violentado sus derechos por
el hecho de ser hombres. A ellos se les ha negado el derecho a visitar a sus
hijos y a hacer parte de sus vidas a pesar de que en sus casos han demostrado
que las denuncias de violencia hechas por las madres en su contra eran falsas y
que, en algunos casos, la violencia sobre los hijos había sido ejercida por las
mismas madres.
