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jueves, 15 de noviembre de 2018

Miscelánea de cosas de la desadaptación cultural (y las marchas)


Observo por la ventana a una de mis vecinas: tiene el pelo liso y negro, protege su rostro pálido con un sombrero azul de flores y está acurrucada junto a su hija de dos o tres años sobre el pasto artificial del parque. La mujer le habla a su pequeña y hace gestos delicados con las manos. La niña escucha a su madre mientras juguetea con otra niña pequeña. Justo detrás de esta última niña hay otra mujer que observa la escena mientras sostiene otro niño de brazos y lleva otra niña de la mano. Son las 10:30 de la mañana, hace un día precioso, alrededor de las niñas un grupo de infantes monta bicicleta, otros niños saltan y gritan y otros se lanzan con emoción a la arenera. Los estudiantes/manifestantes están a punto de llegar por la avenida sesenta y ocho. 
La escena es una típica postal bogotana y no tendría nada de extraño si no fuera porque la vecina del sombrero azul y el pelo negro es una de las habitantes asiáticas del edificio. No hay muchos de ellos aquí y uno solo suele encontrárselos en el ascensor o cruzando el golfito. Parecen como buenas personas, son corteses, saludan, sonríen, pero no existe interacción más allá de algunas simples palabras dichas con acento extraño. No es usual verlos interactuar con otros vecinos y menos jugar con otros niños. Siempre pasan rápido y desaparecen. Aparte de la joven vecina madre de la niña vive aquí una señora de unos sesenta años, quien según he escuchado, es dueña de una bodega de importaciones. Se viste de colores tierra: café, rojo y beige; siempre está perfectamente maquillada y bien arreglada con el pelo en bucles hacia arriba.

lunes, 7 de septiembre de 2015

15. El babeo de los objetos

El jueves visité galerías de arte con Lili entre las 6 y 15pm y las 10 y 45pm. En ese intervalo de tiempo sucedió lo siguiente: 
1. Comimos pizza y hablamos del comensal:
-A mi me interesa mucho esa figura ficcional. El personaje que come solo o que come cosas que no puede digerir. El otro, el del coleccionista, es otro comensal, es un comensal que desde el gusto no le interesa la digestión sino el babeo de los objetos, o sea todo lo que pasa al interior de la boca. Esas son mis elucubraciones.- comentó la artista mientras masticaba.
2. Observamos algunos objetos coloridos en una galería a través de una puerta de vidrio. Los dos pensamos que la instalación era un objeto pictórico que debía observarse desde afuera como una vitrina. Nos desilusionamos cuando nos cercioramos que la entrada a la sala se hacía por un baño.  
3. Vimos el video de un mango que caía y rodaba sobre tejas de zinc.
4. Un muchacho gordito, de pelo largo y gafas me preguntó si podía llevarse unos impresos de una sala.
-Supongo que si, lo peor que puede pasar es que se los reclamen cuando salga- le respondí. El tipo parecía estar siguiéndonos de galería en galería.
-¿Usted es artista?- inquirí.
-Si, pero primero fui ingeniero- respondió ante mi curiosidad abusiva. Siguió caminando y no me habló más.
5. Los baños de una galería tenían los signos del circulo con la flecha y la cruz en las puertas. Como no los distingo pensé en preguntarle a Lili si sabía cuál era el signo de hombre y cuál el de mujer. Fue mas fácil esperar a que de la oscuridad apareciera un orinal.

martes, 1 de abril de 2014

Que ruede el pan y que rueden el tinto y el chocolate #bogotáenuncafé

Anoche tuve la oportunidad de tomarme un capuccino y comerme un palito de queso cortesía del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, en el café La Romana en el centro de Bogotá. Ya había tenido la fortuna de alcanzar cupo para el evento del mes pasado en la panadería La Florida donde me tomé un chocolate y un pan delicioso, además de hacerme acreedor a una de las agendas de Bogotá en un Café. Esa misma noche también escuché hablar a la tan simpática Carolina Sanín sobre su trabajo como escritora y todas sus visiones sobre Bogotá.

El evento de anoche no fue menos especial: además de la bebida y el palito de queso, el evento contó con la sorpresiva participación del conjunto Opera Show. Los cuatro integrantes complacieron a los oídos intelectualoides ávidos de cultura con una selección de arias populares. Todos los asistentes quedaron satisfechos, llenitos y contentos. Los aplausos abundaron, corrió el chocolate, el capuchino y el tinto en un ambiente muy entretenido.

Como detalle jocoso las dos cantantes del grupo estaban camufladas como meseras, uno de los cantantes saltó de una mesa donde hacía de invitado. El último cantante había estaba fingiendo que era un fotógrafo retratando a los asistentes al evento. Por supuesto mis acompañantes y yo posamos muy sonrientes para las fotos que el tipo tomaba sólo para que luego se burlara de nosotros.

Aquí dejo el registro sonoro del evento, recomiendo escucharlo con audífonos. Quedo presto para inscribirme al próximo evento. 

¿Usted que quiere ordenar? La Dona e mobile 
Oh sole mio...
El coro de los esclavos ...