Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de mayo de 2019

Dos golpes



Hace algunas noches estaba acostado en mi cama a punto de quedarme dormido; ya había apagado el computador y lo había puesto en el suelo, me había arropado y puesto la cabeza sobre la almohada con el rostro hacia el closet. De repente sonaron dos golpes. Quedé despierto. Perplejo.

Mi descripción inicial del incidente incluía la frase “le pegaron al escritorio” o “alguien le dio dos palmadas fuertes al escritorio”. Decidí omitir en narraciones posteriores el sujeto de la frase porque no tengo forma de saber quién o qué fue lo que ocasionó el ruido de los golpes.

Como antes de dormir la había abierto la puerta a Dante para que saliera, pensé que tal vez los golpes tendrían algo que ver con él. Tal vez había sido Pamela queriendo decir algo. Tal vez había sido alguna visita sideral pero estoy intentando eso de dejar de mistificarlo todo.

Cada golpe, cada ruido, cada soplo de viento, el calor y el frío han dejado de ser fenómenos naturales comunes y por obra y gracia del accidente se han convertido en manifestaciones del más allá. Eso me tiene un poco cansado e incluso ansioso y es la razón por la que quiero dejar de pensar en ello.

viernes, 17 de marzo de 2017

La alegría de madrear


Hace un par de noches iba cruzando la calle 100 para llegar a mi casa cuando una camioneta grande, blanca, giró desde la carrera y avanzando se acercó hacia a mi. El conductor no se detuvo ni se dignó a reducir un poco la velocidad para permitirme cruzar la calle sino que me pitó y continuó avanzando. Me echó el carro encima y siguió como si nada. Yo, un simple peatón cruzando la calle en la noche lluviosa tuve que saltar para que la camioneta no me arrollara. Cuando alcancé el otro lado del andén me detuve, vi pasar el carro, y terminé de sentir cómo mi cuerpo era invadido por un sentimiento de amargura e impotencia. Una sensación que, como peatón, he sentido a menudo últimamente en Bogotá.
El carro siguió avanzando pero como había un pequeño trancón un poco más adelante tuvo que disminuir la velocidad. Ahí fue que yo vi mi oportunidad: salí a correr y me paré justo al lado del conductor de la camioneta, los transeúntes desprevenidos y los demás conductores de carros vieron interrumpidas sus rutinas de conducción y pensamiento por una sarta de improperios lanzados a voz en cuello por mí, “¡hijueputa!, ¿cree que porque tiene un carro es dueño de la vida de la gente? ¿acaso cree que porque tiene una malparida camioneta es dueña de la vía? ¿me mandó encima el hijueputa carro para venir a meterse más rápido en un hijueputa trancón?, !ojalá un día alguien como usted le eche el carro así igualito a uno de sus hijos!"


jueves, 10 de septiembre de 2015

16. Gemelos

Anoche, después de la reunión con Carlos y Alejandro tomé un bus de los que paran en todas las estaciones porque ya estaba muy tarde. En el mismo bus iban un par de muchachos, los dos se quedaron de pié hablando junto a la puerta. Podía verlos desde el jacuzzi porque el bus no estaba tan lleno.
Los dos muchachos tenían cerca de 20 años y llevaban atuendos similares –jeans, camiseta y camisa de cuadros—. Los dos compartían la misma forma circular del rostro, los ojos avellanados y los labios delgados. Los dos tenían piel rosada y el mismo color rojizo del pelo. Me atreví a llamarlos gemelos por los rasgos que compartían a pesar de tener cosas que los diferenciaban. El primero era serio y medía quince centímetros más que su hermano, tenía el pelo corto peinado hacia el lado, su nariz era respingada y fina y tenía una ondulación pequeña  –tal vez una cicatriz— que la cruzaba en diagonal de derecha a izquierda. Sus ojos eran azules, muy claros.

El segundo, el gemelo más bajito, tenía el cuerpo mas grueso y el pelo mas largo. La maleza cobriza le caía inmóvil sobre la frente y la nuca. Mientras conversaba se estiraba las patillas y se cercioraba de que el flequillo se mantuviera en el mismo lugar. Este hermano también tenía los ojos azules, pero eran azul bandera plano, negros en el centro. Sus pestañas estaban cubiertas por una capa de pestañina que las hacía ver muy largas. Sus párpados estaban decorados con una sombra marrón y todo su rostro estaba cubierto por una pastosa y uniforme capa de base. Las mejillas y los labios estaban decorados con ligeros tintes de color rosa.