Óscar es periodista y tiene un hijo de 22 meses. Ese último dato me lo
contó mientras Roberto se esforzaba por enseñarnos redacción de noticias. A
diferencia del resto de compañeros, Óscar y yo éramos los únicos miembros del
taller no estudiantes universitarios, con experiencia laboral en campos
diferentes al comunitario y sin interés aparente en el activismo de izquierda.
Lo que nos llevó en principio al taller fue el desempleo y el tiempo extra que
eso le da a uno para, por ejemplo, aprender sobre comunicación, prensa y
memoria.
El viernes, penúltimo día del taller, salimos del Centro de Memoria y
lo acompañé a Merlín –la librería en el centro— a buscar A sangre fría de Truman Capote. Roberto insistió toda la semana que
si queríamos ser periodistas ese es un libro que hay que leer y tener de
referencia en la mesa de noche.
Cuando llegamos al tercer piso de la librería yo estaba agotado y me
senté en una silla de madera en la sala que está a la derecha de la escalera.
Oscar se sentó al frente y comenzó a observar libros de aviación.