miércoles, 15 de mayo de 2019

Lidiando con la muerte


Esta tarde vino de visita Betty, la comadre de mi mamá, con su hija Pilar. Ellas estaban con mi mamá en la costa cuando pasó todo. Estuvimos, o estuvieron, conversando un rato largo mientras tomábamos onces.

Alejandro les contó, aparte de los detalles que ellas no conocían del accidente, la historia de Dante: la mamá de Pamela lo ha llevado en varias ocasiones a la psicóloga de animales –quien, creo, es una psíquica— porque está, o estaba, muy agresivo; han conversado con él y les ha contado que está muy triste y que en casa de la familia de Pamela hay energías muy pesadas por todo lo que ha pasado; dice que por eso le duele el estómago y que por esa razón prefería quedarse con Alejandro.

Por eso vino Dante a quedarse con nosotros y, a pesar de que a veces pelea con Antoine y nos responde con rabia, yo lo veo muy tranquilo. Debe hacerle mucha falta Pamela.

Betty nos contó que en su casa, cuando su esposo murió, intentó por muchos medios comunicarse con él, igual que lo está haciendo ahora la familia de Pamela. Pilar dijo que tomaron cursos para hablar con los ángeles, que contactaron gente que hablaban con el más allá, que contactaron gente que pudiera hablar con él. Betty dice, con mucho optimismo, que eso es normal, que hace parte del proceso y que hay que dejar que lo hagan sin juzgar.


Dos golpes



Hace algunas noches estaba acostado en mi cama a punto de quedarme dormido; ya había apagado el computador y lo había puesto en el suelo, me había arropado y puesto la cabeza sobre la almohada con el rostro hacia el closet. De repente sonaron dos golpes. Quedé despierto. Perplejo.

Mi descripción inicial del incidente incluía la frase “le pegaron al escritorio” o “alguien le dio dos palmadas fuertes al escritorio”. Decidí omitir en narraciones posteriores el sujeto de la frase porque no tengo forma de saber quién o qué fue lo que ocasionó el ruido de los golpes.

Como antes de dormir la había abierto la puerta a Dante para que saliera, pensé que tal vez los golpes tendrían algo que ver con él. Tal vez había sido Pamela queriendo decir algo. Tal vez había sido alguna visita sideral pero estoy intentando eso de dejar de mistificarlo todo.

Cada golpe, cada ruido, cada soplo de viento, el calor y el frío han dejado de ser fenómenos naturales comunes y por obra y gracia del accidente se han convertido en manifestaciones del más allá. Eso me tiene un poco cansado e incluso ansioso y es la razón por la que quiero dejar de pensar en ello.