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miércoles, 15 de mayo de 2019

Dos golpes



Hace algunas noches estaba acostado en mi cama a punto de quedarme dormido; ya había apagado el computador y lo había puesto en el suelo, me había arropado y puesto la cabeza sobre la almohada con el rostro hacia el closet. De repente sonaron dos golpes. Quedé despierto. Perplejo.

Mi descripción inicial del incidente incluía la frase “le pegaron al escritorio” o “alguien le dio dos palmadas fuertes al escritorio”. Decidí omitir en narraciones posteriores el sujeto de la frase porque no tengo forma de saber quién o qué fue lo que ocasionó el ruido de los golpes.

Como antes de dormir la había abierto la puerta a Dante para que saliera, pensé que tal vez los golpes tendrían algo que ver con él. Tal vez había sido Pamela queriendo decir algo. Tal vez había sido alguna visita sideral pero estoy intentando eso de dejar de mistificarlo todo.

Cada golpe, cada ruido, cada soplo de viento, el calor y el frío han dejado de ser fenómenos naturales comunes y por obra y gracia del accidente se han convertido en manifestaciones del más allá. Eso me tiene un poco cansado e incluso ansioso y es la razón por la que quiero dejar de pensar en ello.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Los sueños de Lolo



Hace cuatro noches soñé con Juan. Yo estaba en una casa antigua donde había una fiesta un domingo al mediodía. Lo veía desde lejos acercándose, tal como lo recuerdo de la noche en que me enamoré de él en la discoteca. Pero en el sueño no tenía una sonrisa como ese día. Estaba disgustado con el ceño fruncido. “Tengo que vengarme de ti, es lo justo por haberle enviado ese correo electrónico a mi ex con fotos nuestras” me dijo con rabia. Intentó empujarme por un peñasco pero no lo logró y la última visión que tuve de él era su cuerpo arrollado por un tren.

Hace dos noches soñé con Ronald. En el sueño él venía a Bogotá a comprar un apartamento. Estaba contento y sonreía porque siempre había querido vivir aquí. Visitamos varias locaciones y luego desayunamos. Yo lo miraba intentando encontrar las características del hombre que conocí hace ocho años y a quién he vuelto a ver. Una mosca lo picó y Ronald se enfermó en el sueño. Corrimos a un hospital y antes de despertar lo vi en una camilla, me juró que iba a estar bien, que el problema no era su cuerpo sino los desgraciados mosquitos del trópico.

 Anoche Carlos soñó conmigo.
—¿recuerdas ese cuadro de Manet, Le Déjeuner sur l'Herbe? Me preguntó.
—Por supuesto que lo recuerdo, le dije.
—Pues fue así. Bueno, así era el asunto, solo que estábamos vos y yo en el Parque Nacional. Vos estabas desnudo y recuerdo que hasta te preguntaba si no tenías frío. Me dijiste que solo en los pies y yo me quité los zapatos para que te los cubrieras. ¿Hay algo más absurdo que estar con alguien desnudo y que la única prenda que uno le preste sean los zapatos?

jueves, 4 de diciembre de 2014

La profecía del titán #sueño

Casandra se miraba las manos pero no eran las suyas. Cada noche veía las líneas en las palmas y los dedos de un hombre que ella no conocía. Al morir la tarde, su madre la ponía sobre la cama, le contaba un cuento, ella se dormía y veía esas manos que no le pertenecían.

El paisaje en el sueño de Casandra todas las noches era el mismo: la jungla espesa a cada lado de un rio ancho de color tierra, casas de madera al borde del agua, pescadores pobres recorriendo el cauce debajo del sol y un cielo sin nubes, el calor asfixiante, la vegetación desconocida, el olor a humedad, la barca vieja de madera pintada de blanco y azul. Casandra no sabía dónde estaba pero si sabía que el titán Rubén Darío, el dueño de las manos, conocía su paradero y sabía que no debía estar allí. Ella lo sabía porque lo soñaba cada noche.