Toda su vida mi abuelo fue
un negociante, jamás tuvo un empleo fijo o dependió de un jefe. Desde que
estaba pequeño tuvo sus propios negocios –tiendas, talleres o almacenes– e invirtió
su capital en venturas económicas que, aunque no en todos los casos fueron exitosas,
le permitieron mantener su casa y sacar adelante a sus ocho hijos.
Cuando se casó con mi
abuela, cuenta ella que se establecieron en una casa que él tenía junto a un
almacén al lado de una carretera. Ella tenía 15 y el 18. Recuerdo a mi abuelo
contándole anécdotas a doña Carmiña de esas épocas en un cumpleaños. El abuelo tenía
que hacer uso de todo tipo de trucos y mañas para no perder plata de los
clientes que fiaban y luego nunca pagaban. El abuelo fue
también fotógrafo, conductor, tipógrafo y más.
Cuando estábamos pequeños
mi hermano, mis primos y yo nos encontrábamos en el almacén de accesorios para
vehículos que el abuelo tenía arriba de la Caracas por la calle 22 sur.