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viernes, 10 de octubre de 2014

El marranito del abuelo

Toda su vida mi abuelo fue un negociante, jamás tuvo un empleo fijo o dependió de un jefe. Desde que estaba pequeño tuvo sus propios negocios –tiendas, talleres o almacenes– e invirtió su capital en venturas económicas que, aunque no en todos los casos fueron exitosas, le permitieron mantener su casa y sacar adelante a sus ocho hijos.

Cuando se casó con mi abuela, cuenta ella que se establecieron en una casa que él tenía junto a un almacén al lado de una carretera. Ella tenía 15 y el 18. Recuerdo a mi abuelo contándole anécdotas a doña Carmiña de esas épocas en un cumpleaños. El abuelo tenía que hacer uso de todo tipo de trucos y mañas para no perder plata de los clientes que fiaban y luego nunca pagaban. El abuelo fue también fotógrafo, conductor, tipógrafo y más. 

Cuando estábamos pequeños mi hermano, mis primos y yo nos encontrábamos en el almacén de accesorios para vehículos que el abuelo tenía arriba de la Caracas por la calle 22 sur.