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domingo, 1 de marzo de 2015

Pensadera de domingo sobre la vida y la muerte (¿sobre que mas puede ser?)

El abuelo está en el hospital de nuevo. Esta vez no es por un problema psiquiátrico como hace seis meses sino por una infección estomacal. Lleva un par de días internado  con supervisión permanente. Hoy fui a visitarlo, estuve allí una hora antes de volver a casa. Estaba dormido así que no fue posible hablar con él o escucharlo.

Mi abuelo, Heriberto, tiene ochenta y ocho años, lleva casi setenta casado con mi abuela, tiene ocho, seis hombres y dos mujeres. Sus nietos son mas de treinta y sus bisnietos son algo así como diez. A pesar de que sufre de Parkinson y del corazón tiene unas férreas ganas de vivir. El sueña con llegar a los cien años con su esposa y su familia.

Debido a sus padecimientos y la vejez natural ahora le cuesta mucho movilizarse y hablar. Camina de la habitación al comedor o al baño con la ayuda de un cochecito caminador. Cuando habla se le entiende poco, pero se hace entender. A pesar de su edad es de buen comer y de buen dormir. Sin embargo a veces tiene este tipo de crisis que lo llevan al hospital.

viernes, 10 de octubre de 2014

El marranito del abuelo

Toda su vida mi abuelo fue un negociante, jamás tuvo un empleo fijo o dependió de un jefe. Desde que estaba pequeño tuvo sus propios negocios –tiendas, talleres o almacenes– e invirtió su capital en venturas económicas que, aunque no en todos los casos fueron exitosas, le permitieron mantener su casa y sacar adelante a sus ocho hijos.

Cuando se casó con mi abuela, cuenta ella que se establecieron en una casa que él tenía junto a un almacén al lado de una carretera. Ella tenía 15 y el 18. Recuerdo a mi abuelo contándole anécdotas a doña Carmiña de esas épocas en un cumpleaños. El abuelo tenía que hacer uso de todo tipo de trucos y mañas para no perder plata de los clientes que fiaban y luego nunca pagaban. El abuelo fue también fotógrafo, conductor, tipógrafo y más. 

Cuando estábamos pequeños mi hermano, mis primos y yo nos encontrábamos en el almacén de accesorios para vehículos que el abuelo tenía arriba de la Caracas por la calle 22 sur.