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jueves, 28 de diciembre de 2017

Miscelánea de cosas del 2017


Tengo una hora casi para que la ropa esté lista. Mientras eso pasa miro por la ventana y pienso. El otro año veré a Paula y si soy afortunado dictaré una materia nueva en la universidad. Constantemente le doy vueltas a unos contenidos que aun no he planeado pero que me emocionan: arte. Me gusta la idea de enseñar de arte y hablar sobre arte aunque no lo haya hecho en mucho tiempo. 
Ha pasado ya un año y medio desde que entré a trabajar en la escuela. Ha sido un periodo intenso. Antes de la escuela no había tenido por mucho años algo parecido a un trabajo estable; permanecí desde la última vez que dicté una clase de inglés en un estado de freelancismo que me tuvo viajando por todos lados, ganando o mucho o nada. Ahora tengo algo cercando a una estabilidad, un grupo de trabajo maravilloso con un jefe amigo y un ingreso fijo cada mes y por eso pude comprar un apartamento. Completé la cuota inicial con mi mamá y lo compré. Y ahora soy un home owner con una hipoteca. Estoy cerca de la independencia económica y de algo parecido a una vida propia.

domingo, 30 de octubre de 2016

La muerte de Elvira


Elvira, Mario, Rosa y Carlos.
Hoy, al medio día fuimos a almorzar con Betty, una cuñada de mi abuela, viuda de Augusto, uno de sus hermanos. Betty es uno de esos personajes que, junto con sus hijos y nietos, ha estado presente en toda nuestra vida familiar en Bogotá y en el Valle. Desde que recuerdo, Betty, Claudia y Guillermo nos han acompañado y han hecho parte de navidades, bodas, bautizos y cumpleaños. Durante el almuerzo mi mamá y Betty conversaban de lo usual, sobre las viejas amistades, la familia extendida, viajes, las primas, los hijos de ellas y sus nietos, pero en un momento la conversación llegó a un punto que me interesaba: la tía Elvira. 
Elvira Correa era una de las hermanas de mi abuela y una de las personas más importantes durante mi infancia. Cuando estábamos pequeños mis papás solían mandarnos a mi hermano y a mi a pasar vacaciones en su casa en Tuluá. Ella siempre nos quiso mucho y nos consentía y se encargaba de nosotros como si fuéramos sus propios nietos.
Elvira murió en 2004, lo recuerdo claro porque eso pasó cuando regresé de Inglaterra. Mi mamá me contó que había muerto después de hacer una llamada de teléfono o durante un almuerzo y recuerdo que me dolió porque no pude hacer más acerca de eso. No pude llamarla, ni conversar con ella, ni despedirme porque ella simplemente ya no estaba y nadie sabía que para mí era algo importante.
–¿De qué murió Elvira? le pregunté a Betty.

lunes, 1 de junio de 2015

En honor a mi tía #relato

El jueves, después de que hablé con mi tía Blanca a las siete de la mañana, llamé a mi papá. Alguien tenía que contarle que mi tía Negra había muerto. El teléfono repicaba, pero rápidamente entraba a correo de voz por lo que supuse que alguien ya lo habría llamado y que cuando me contestara no tendría que darle yo la noticia. Por fin, a las ocho de la mañana la voz de Manuelito me respondió; no sonaba triste, no lo oía molesto.
Le pregunté si había hablado con alguna de mis tías. Me contó que había hablado con Aidé y con la Mona por ahí a las seis y media pero no le habían dicho nada extraño. Volví a preguntarle si había hablado con alguna de sus hermanas con la esperanza de que ya lo supiera. Me dijo de nuevo que no le habían dicho nada raro. Detrás de su voz sonaban los traqueteos de un carro viejo en una carretera.
–¿fue que se murió Julia o que? Me preguntó con ese golpeado fronterizo que ahora le sale cuando habla y ya sin poder hacer mas preámbulos le conté. Mi tía Blanca me había llamado hacía un rato y me había dicho que mi tía negra había fallecido. No hubo silencio, el ruido del carro viejo en el que viajaba mi papá seguía sonando en el fondo mientras él me contaba que ya iba llegando a Peracal, que ya tenía un vuelo reservado para Bogotá y que intentaría llegar lo mas pronto posible. Yo no supe que mas decir. Me quedé sentado frente al escritorio mirando la pantalla del computador.

lunes, 6 de abril de 2015

Las lectoras #relato

Mi mamá y mi abuela son lectoras insaciables. Dedican gran parte de su energía y su tiempo a la sensación de vértigo y a la emoción que produce leer. Mi mamá esta experimentando ahora una pasión renovada por los libros en serie y las sagas. Comienza un libro y lo termina y empieza otro al instante. Luego viene y me cuenta apartes de la narración, me describe con agitación algunos de los paisajes o las locuras de los personajes o la conversaciones o me recomienda que lo lea por lo fascinante que le pareció. Luego vuelve y empieza con otro libro que espera sea igual de maravilloso.
Cuando digo pasión renovada por las sagas me refiero a que antes, en la época en que mi hermano y yo estábamos pequeños, ella siempre lograba sacar tiempo para terminar libros como Caballo de Troya. Uno tras otro consumía los volúmenes del viajero hasta el momento en que dejaron de publicarse. Esos libros, igual que el Conde de Montecristo, la deslumbraban y siempre estaba sorprendida por los sucesos que contenían. Hasta ahora no ha dejado de preguntarse como hizo Benítez para conocer y saber todo eso tan detallado.

martes, 3 de marzo de 2015

Entre líneas

Son raros los caminos que me llevan a escribir o a dibujar. Cuando quiero escribir es porque la tristeza me tienta; la felicidad se vuelve un sueño que con las palabras se construye o se borra. A veces los recuerdos se diluyen entre líneas.


La vida es lo que pasa entre aeropuertos y moteles. Entre restaurantes de lujo y las tiendas donde venden la ropa que no puedes comprar, más por falta de tiempo que por vacíos en la inspiración.

domingo, 1 de marzo de 2015

Pensadera de domingo sobre la vida y la muerte (¿sobre que mas puede ser?)

El abuelo está en el hospital de nuevo. Esta vez no es por un problema psiquiátrico como hace seis meses sino por una infección estomacal. Lleva un par de días internado  con supervisión permanente. Hoy fui a visitarlo, estuve allí una hora antes de volver a casa. Estaba dormido así que no fue posible hablar con él o escucharlo.

Mi abuelo, Heriberto, tiene ochenta y ocho años, lleva casi setenta casado con mi abuela, tiene ocho, seis hombres y dos mujeres. Sus nietos son mas de treinta y sus bisnietos son algo así como diez. A pesar de que sufre de Parkinson y del corazón tiene unas férreas ganas de vivir. El sueña con llegar a los cien años con su esposa y su familia.

Debido a sus padecimientos y la vejez natural ahora le cuesta mucho movilizarse y hablar. Camina de la habitación al comedor o al baño con la ayuda de un cochecito caminador. Cuando habla se le entiende poco, pero se hace entender. A pesar de su edad es de buen comer y de buen dormir. Sin embargo a veces tiene este tipo de crisis que lo llevan al hospital.

martes, 13 de enero de 2015

Son mis empanadas y lloro si quiero

Las vacaciones se acabaron. El oráculo me vaticinó que antes de que el año empezara en forma tendría que cerrar varios ciclos familiares. Así pareció suceder entre ayer y hoy con dos cosas que dominaron el espectro familiar: el rompimiento del record de las mil empanadas y la despedida de Angie. La primera celebración llenó a la familia de un obeso orgullo y la segunda de una tristeza dulce que continúa hoy, varias horas después de haber dejado a Angie en el aeropuerto.

miércoles, 7 de enero de 2015

Se les olvidó la navidad #audio


Una noche en diciembre del año pasado, aproveché para visitar a mis abuelos. Allí estaban reunidos mi mamá, dos de mis tíos, sus esposas, mis abuelos y mi prima. Charlamos tranquilamente sobre las vacaciones venideras hasta que mi abuela nos interrumpió para que rezáramos la novena. Yo, como siempre, me limité a escuchar y a registrar lo que sucedió cuando los visitantes dejaron de comer, de tomar tinto y charlar para repetir las mismas oraciones y cantar las mismas canciones de todos los años.

Las novenas son la tradición central de la navidad en Colombia y, según lo que pude observar y registrar, con el paso de los años las personas tienden a olvidar su contenido, las oraciones y las letras de los villancicos. Lo divertido de esta grabación es que muestra esas fallas en la memoria de los participantes, quienes juegan con los versos y se inventan las letras. Así mismo, el cantar de los comensales es acompañado por una campanilla y otros sonidos producidos por la culebrilla del celular, con la que mi prima se distraía, mientras el resto de la familia cantaba.


viernes, 10 de octubre de 2014

El marranito del abuelo

Toda su vida mi abuelo fue un negociante, jamás tuvo un empleo fijo o dependió de un jefe. Desde que estaba pequeño tuvo sus propios negocios –tiendas, talleres o almacenes– e invirtió su capital en venturas económicas que, aunque no en todos los casos fueron exitosas, le permitieron mantener su casa y sacar adelante a sus ocho hijos.

Cuando se casó con mi abuela, cuenta ella que se establecieron en una casa que él tenía junto a un almacén al lado de una carretera. Ella tenía 15 y el 18. Recuerdo a mi abuelo contándole anécdotas a doña Carmiña de esas épocas en un cumpleaños. El abuelo tenía que hacer uso de todo tipo de trucos y mañas para no perder plata de los clientes que fiaban y luego nunca pagaban. El abuelo fue también fotógrafo, conductor, tipógrafo y más. 

Cuando estábamos pequeños mi hermano, mis primos y yo nos encontrábamos en el almacén de accesorios para vehículos que el abuelo tenía arriba de la Caracas por la calle 22 sur.