Las
vacaciones se acabaron. El oráculo me vaticinó que antes de que el año empezara
en forma tendría que cerrar varios ciclos familiares. Así pareció suceder entre
ayer y hoy con dos cosas que dominaron el espectro familiar: el rompimiento del
record de las mil empanadas y la despedida de Angie. La primera celebración
llenó a la familia de un obeso orgullo y la segunda de una tristeza dulce que
continúa hoy, varias horas después de haber dejado a Angie en el aeropuerto.
