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lunes, 22 de febrero de 2021

Problemas de memoria

Ayer regresé de dar una vuelta en la bicicleta a las cinco de la tarde. Hace un par de semanas que decidí que tengo que perder peso y la solución para eso es la bicicleta. He estado montando una hora diaria (más o menos). Me encanta ir a dar la misma vuelta, a la misma hora. He intentado hacerlo más temprano pero me he dado cuenta de que las 4 de la tarde es la hora perfecta. No hace mucho sol y aún no se ha enfriado la tarde por completo. Aunque a veces hay mucha gente en la cicloruta a esa hora no es muy difícil dejarlos atrás. 

Revisé mi celular cuando entré a mi casa y tenía otro mensaje de Angélica. La cuarta nota de voz del día. Habíamos estado pasándonos mensajes toda la tarde. Primero me envió un texto reenviado de alguna persona desconocida que ofrecía empleo y de ahí partimos la conversación. La última nota de voz era sobre otra cosa. Me hablaba de Consuelito, la mamá de una amiga de ella y amiga de mi mamá de toda la vida. Me contaba que la señora había entrado a cirugía en la mañana y que después de terminar el procedimiento no había despertado. Los médicos habían decidido no sacarle el tumor del páncreas porque ya estaba demasiado grande. Era mejor dejarla como estaba, hacer un puente, y cerrar. El panorama no era nada alentador y angélica quería saber si mi mamá ya estaba enterada. 

La escuché reírse en la otra habitación. La decisión de contarle a mi mamá era mía. 

sábado, 2 de febrero de 2019

El discreto arte de stalkear: el espacio entre las verdades (IV)


Estaba la otra tarde yo conversando con mi amiga Camila y su esposo, Jorge; fui a visitarlos antes de que se acabaran las vacaciones. Tomábamos cafecito con galletas mientras recordábamos anécdotas de compañeros de la universidad o de gente que conocíamos de la vida bajo el solecito en el patio de su casa; eso es lo que hace uno con los amigos de vieja data.

Estábamos conversando de esas charreras cuando recordé el caso de Adriana, esta amiga que tenemos en común en el Facebook. Resulta que a mí se me hace tremendamente divertido leerla porque ella tiene dos hijos, un niño de dos años y medio y una niña de uno. En su cuenta de Facebook Adriana postea con regularidad fotos de sus niñitos y escribe textos cortitos sobre las pequeñas y tiernas aventuras que tiene con ellos. La mayoría de sus relatos son conversaciones que tiene con el niño mayor, intercambios de frases cortas pero significativas que revelan una interacción familiar llena de sentido en las que su hijo logra sorprenderla e incluso a veces cuestionarla.