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martes, 22 de enero de 2019

El discreto arte de stalkear: la mezquindad (III)


El viernes pasado en la noche, en una fiesta a la que fui con Marco, me encontré con el esposo de mi amiga Tatiana. El tipo estaba en el mismo bar al otro lado de la pista rumbeando con un grupo de amigos. Verlo solo, sin su esposa, me produjo cierta extrañeza.  

Tatiana es una escritora a quien conocí hace unos años en un taller de comunicación. Es extrovertida y simpática pero tiene una costumbre un poco excéntrica, aunque no del todo extraña en estos tiempos: comparte a diario su vida en Facebook. Postea fotos de novenas, cumpleaños, matrimonios; monta álbumes familiares en los que aparecen etiquetados los miembros de su circulo lejano y cercano; narra con pelos y señales las nimiedades de su vida cotidiana, habla de lo que come, de los lugares que visita, de la ropa que compra, de sus rutinas de ejercicio y sus compañeros de gimnasio, de los restaurantes que visita, de los conciertos y las actividades culturales que realiza; comenta sobre su trabajo hasta la saciedad, sobre los viajes que hace, las conversaciones que tiene. Durante su embarazo consultaba con los contactos de la red acerca de trucos y especialistas para sus dolencias, curas para la piel, remedios para bajar los antojos, terapias alternativas, cursos, libros, nombres de bebé, vacunas, enfermedades, lugares para comprar cosas. Sus publicaciones alcanzan a diario cientos de reacciones y docenas de comentarios.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Miscelánea de cosas del 2017


Tengo una hora casi para que la ropa esté lista. Mientras eso pasa miro por la ventana y pienso. El otro año veré a Paula y si soy afortunado dictaré una materia nueva en la universidad. Constantemente le doy vueltas a unos contenidos que aun no he planeado pero que me emocionan: arte. Me gusta la idea de enseñar de arte y hablar sobre arte aunque no lo haya hecho en mucho tiempo. 
Ha pasado ya un año y medio desde que entré a trabajar en la escuela. Ha sido un periodo intenso. Antes de la escuela no había tenido por mucho años algo parecido a un trabajo estable; permanecí desde la última vez que dicté una clase de inglés en un estado de freelancismo que me tuvo viajando por todos lados, ganando o mucho o nada. Ahora tengo algo cercando a una estabilidad, un grupo de trabajo maravilloso con un jefe amigo y un ingreso fijo cada mes y por eso pude comprar un apartamento. Completé la cuota inicial con mi mamá y lo compré. Y ahora soy un home owner con una hipoteca. Estoy cerca de la independencia económica y de algo parecido a una vida propia.

martes, 18 de julio de 2017

Vacío en el tiempo #relato


La semana pasada fui a conocer a Manuel, un abogado de 38 años que me hizo reír desde el primer mensaje que me envió. Nos vimos en la Plaza de Bolívar después de que salí de la librería del FCE y caminamos hasta el café ese famoso del tipo francés, tan popular ahora, y que se ha convertido en el lugar cool del centro para ir a pasar el rato.
Conversamos hasta que caímos en cuenta de que habíamos estudiado juntos al mismo tiempo en la misma universidad y que teníamos un abanico de gente en común de esa época: amigos de nuestras carreras y de ciencia política, y antropología y filosofía, jóvenes gais –para ese momento— de los grupos de la universidad, profesores y maestros en común. Eso hacía parecer que ese encuentro, agendado a través de redes en el internet, pareciera más un reencuentro de dos viejos compañeros de academia.

domingo, 7 de mayo de 2017

Miscelánea de asuntos de la sobriedad

Cómo ya les había contado no estoy consumiendo alcohol y estas son algunas de las conclusiones que he sacado de andar en este plan:

1.    Que contarle a la gente que uno no consume alcohol es como salir del closet. Durante estas últimas semanas, o por lo menos durante este periodo inicial cuando he ido a alguna actividad social o cuando me he reunido con los amigos o cuando he conocido a alguien nuevo, he tenido que contarles que no bebo. Inicialmente su respuesta ha sido echar para atrás la cabeza y observarme con desconfianza; me miran y esperan encontrar razones traumáticas por las que no quiero tomar más cerveza. Quieren escuchar un drama profundo, una historia con gritos, mentadas de madre, un robo, un accidente, sexo casual salido a mal y lagunas mentales. De eso si ha habido pero muy poco, la verdad.

2.    Qué si uno no bebe está trabajando. La otra noche estábamos en la apertura de un evento en el espacio de arte que yo coordino con unos amigos, casi a la media noche yo estaba cansando, aunque contento y me estaba divirtiendo mucho. En esas volvimos al tema por alguna razón y después de conversar un rato, Marcela me dijo: “entonces, tú en este momento estás trabajando”. Esa idea me quedó rondando en la cabeza porque parece que hay una delimitación muy clara de lo que constituye para nosotros los momentos de trabajo y los de esparcimiento y esa línea es la del consumo de alcohol. Cuando uno trabaja no puede beber y cuando bebe es porque ya no está trabajando. Entonces ¿yo estoy trabajando todo el tiempo? Será que mi animo y mi voluntad de no beber me han condenado a estar siempre en modo trabajar?