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jueves, 28 de diciembre de 2017

Miscelánea de cosas del 2017


Tengo una hora casi para que la ropa esté lista. Mientras eso pasa miro por la ventana y pienso. El otro año veré a Paula y si soy afortunado dictaré una materia nueva en la universidad. Constantemente le doy vueltas a unos contenidos que aun no he planeado pero que me emocionan: arte. Me gusta la idea de enseñar de arte y hablar sobre arte aunque no lo haya hecho en mucho tiempo. 
Ha pasado ya un año y medio desde que entré a trabajar en la escuela. Ha sido un periodo intenso. Antes de la escuela no había tenido por mucho años algo parecido a un trabajo estable; permanecí desde la última vez que dicté una clase de inglés en un estado de freelancismo que me tuvo viajando por todos lados, ganando o mucho o nada. Ahora tengo algo cercando a una estabilidad, un grupo de trabajo maravilloso con un jefe amigo y un ingreso fijo cada mes y por eso pude comprar un apartamento. Completé la cuota inicial con mi mamá y lo compré. Y ahora soy un home owner con una hipoteca. Estoy cerca de la independencia económica y de algo parecido a una vida propia.

martes, 18 de julio de 2017

Vacío en el tiempo #relato


La semana pasada fui a conocer a Manuel, un abogado de 38 años que me hizo reír desde el primer mensaje que me envió. Nos vimos en la Plaza de Bolívar después de que salí de la librería del FCE y caminamos hasta el café ese famoso del tipo francés, tan popular ahora, y que se ha convertido en el lugar cool del centro para ir a pasar el rato.
Conversamos hasta que caímos en cuenta de que habíamos estudiado juntos al mismo tiempo en la misma universidad y que teníamos un abanico de gente en común de esa época: amigos de nuestras carreras y de ciencia política, y antropología y filosofía, jóvenes gais –para ese momento— de los grupos de la universidad, profesores y maestros en común. Eso hacía parecer que ese encuentro, agendado a través de redes en el internet, pareciera más un reencuentro de dos viejos compañeros de academia.

sábado, 4 de marzo de 2017

Miscelánea de asuntos del sábado: disculpas y absolución.

Yo tengo la extraña idea de que nadie me lee en Twitter. Desde que empecé con esta cuenta siempre he intentado guardar un bajo perfil, nunca me ha interesado mostrar mi rostro y tampoco ha sido mi objetivo crear un red de amigos. Lo único que yo quería cuando inventé a Lolo el Rolo era tener un espacio donde pudiera lanzar madrazos al mundo, expresar mis opiniones y hacerlo lejos de la mirada juzgona de mis conocidos, familiares y amigos. Comprendí a fuerza de golpes el riesgo que implicaba poner mis emociones en público y por eso decidí reservarme mi identidad. Muchos ahora saben quién soy pero hasta ahora –incluso en mis épocas de mayor tráfico y mayor movimiento— me he dedicado a escribir de lo que pienso y a contar historias sobre mi vida sin esperar a que alguien me las valide, ya que en serio pienso que nadie me lee y que no a muchos les importa lo que yo tenga que decir.

Sin embargo, como a veces lo que uno cree no es la realidad, me di cuenta de que alguien sí me leía. En un momento de soledad nocturno se me ocurrió poner un tweet en el que hablaba de dos personas. ¿Qué fue lo que me sucedió en ese instante? Un bache puro de melancolía y debilidad. Y luego alguna persona que me seguía vio el mensaje y decidió mencionar a una de las personas de las que yo hablaba y a su actual pareja. El tweet si hablaba de uno de ellos, pero no sobre el otro. Las dos personas mencionadas por mí no están (hasta donde sé)  relacionadas, pero la persona que los mencionó luego lo tomó así.

viernes, 12 de febrero de 2016

Vivir con dolor

Las últimas reuniones que he tenido con mis amigos de la universidad se resumen en gran parte en una cosa: conversaciones que contienen recuentos de dolores y enfermedades. Alejo tiene un problema con la ciática, William está con una rodilla dañada, Camilo tiene la espalda fregada y yo no puedo caminar bien porque tengo un espolón en el pie derecho y porque le pegué una patada a una mesa con el dedo chiquito del pie izquierdo. Conversar con los amigos se ha vuelto una retahíla de consejos y anécdotas sobre cómo curar los dolores, cómo mitigar el cansancio y de risas porque, a pesar de no haber empezado los cuarenta, ya parecemos viejos.

Yo aún guardo la esperanza de volver a caminar como loco en las noche siguiendo aventureros y de poder recorrer los museos, los parques y las plazas de Bogotá por horas horas como lo he hecho siempre. Bueno, tal vez no pueda volver a exigirle eso a mis pies pero si podría volver a caminar simplemente sin dolor, sin hacer caras y sin quejarme. La terapista me dijo que si hacía las terapias el dolor del pie derecho se me pasaba y el ortopedista dice que para que se me arregle el dedo chiquito tengo que esperar seis semanas. Esas lesiones se demoran en sanar y no hay nada que se pueda hacer porque el dedo no está roto, solo resentido. Además ya no estoy hecho de goma como hace 10 años cuando uno podía exigirle al cuerpo cualquier cosas y no le dolía nada y cuando recuperarse de cualquier lesión era cosa de un día para otro. A mi ni siquiera me importaba mucho que me rompieran el corazón porque ese se sanaba a punta de guaro y de baile. ¿Una gripa? Salga a dar una vuelta y ríase hasta el cansancio que con eso se le pasa.

Ahora la maleta la tengo llena de pastillas para desinflamar y para calmar el dolor, me siento con frecuencia y utilizo plantillas. Me cuido de no pasar mas de dos horas sentado escribiendo porque luego me jodo la espalda. Sin contar que si descuido la tiroides me da taquicardia y cansancio y me dan ganas de llorar y de todo. Pero eso ya es otro cuento. Algunos que me leen me tildarán de superficial y me dirán que hay gente que vive con cáncer y con enfermedades crónicas más dolorosas y que no se quejan ni lloran tanto.

Y seguro tienen razón.  Pero en seis semanas volveré a mirar a mis pies y espero que ya no me duelan tanto. Ya hoy no me duelen tanto. Espero dejar las conversaciones acerca de las dolencias y espero reírme con las bobadas de siempre. Espero no vivir tanto con el dolor al que me he acostumbrado por estos últimos tres meses y volver rutina las punzadas.

Juventud bendito tesoro.

martes, 21 de julio de 2015

1. Posibilidades a considerar



Antonio me dijo el domingo mientras cenábamos en su casa que él era de esas personas que no leía, que él prefería llevar a cabo otras actividades. Luego insinuó que lo mejor para mí sería pensar en hacer algo diferente para generar recursos. Sentí calor en el rostro y se me enfriaron las manos. Me enfurecí tanto que le respondí con amargura: “Si tú no lees es porque eres un ignorante, no porque leer sea malo o inútil y yo no voy a dejar de escribir solo porque la gente no lea.”
Hacía tiempo que no nos veíamos y durante esa conversación recordé al Antonio que conocí hace diez años. Ese señor de corbata de treinta y nueve años que estiraba las piernas por debajo de la mesa para tocarlo a uno, que consideraba que ir a cine era una entretención romántica y que era incapaz de entender porqué alguien estudiaría artes plásticas o escribiría libros si esas cosas no daban dinero. Sentí el retroceso y la perdida de todos estos años de inculcarle que existen otras formas de ganarse el pan diferentes a hacer negocios o vender cosas.
Sam, el hijo de Antonio, está siempre con la tablet viendo videos de gamers en YouTube; parece que ellos han encontrado la unión perfecta entre negocio y contenido. Antonio me sugiere que haga algo similar, videos hablando de temas culturales y como yo soy tan “entretenido” seguro me llenaré de seguidores. Pienso que no se. Es una posibilidad a considerar.

jueves, 19 de marzo de 2015

¿Temor a la friendzone? Te quiero, pero no como amigo

De algunos años para acá la “friendzone” se convirtió en el peor de los terrores. Se popularizaron los memes y las opiniones que apoyaban el punto de que es mejor desaparecer de la vida de quien tanto te gusta, antes que permanecer en el campo minado de la amistad. “Te quiero, pero como amigo” es el trueno que despeja plazas llenas de manifestantes, ahuyenta a las bestias y atemoriza hasta los soldados mas valientes. Pero, ¿es tan horroroso ser amigo de esa persona por la que se siente un gusto particular?
Puedo confesar aquí que he sufrido el rechazo. Han sido varias las ocasiones en que alguien que me gustaba mucho me dejó en un plano que no es el romántico que yo esperaba. Por ejemplo, hace un par de meses me vi involucrado con Miguel, un personaje con quien tuvimos un coqueteo interesante por un par de semanas. Charlábamos seguido y nos encontramos en varias ocasiones para ir por un trago, fuimos a cine e incluso pasé un fin de semana bastante intimo y acalorado en su apartamento. La cosa iba “bien” hasta que todo se enfrió. Miguel dejó de mostrar interés y antes de que él pudiera comenzar a pronunciar las temidas palabras del rechazo, lo condené al ultimo rincón de mis redes sociales.

domingo, 6 de abril de 2014

El fin de la amistad



Todos cometemos errores. Ese es un hecho de la vida. No hay mucho que se pueda hacer al respecto. Por más que uno intente caminar sobre cascaras de huevo y comportarse de la mejor manera termina cometiendo errores. Y eso está bien ¿qué más se le puede hacer?

Eso fue lo que me pasó después de que volví de Venezuela, un sábado que salí a tomarme unas cervezas en la Calera con una de mis mejores amigas y su novio, otro gran amigo. Cometí un error, me emborraché y en un ataque de locura terminé peleando con ellos. La verdad no fue gran cosa. Me levanté y me fui porque no me quisieron acompañar al Transmilenio. Al día siguiente me levanté y le escribí a mi amiga que me disculpara, que había sido culpa mía y que lo lamentaba mucho.

Hoy casi dos meses después nada de lo que hice sirvió para volvernos hablar. Un día después de todo el incidente le pregunté que si me estaba sacando de su vida, le dije que si era así que por favor no lo hiciera porque ella es muy importante para mí, pero a pesar de eso no nos hemos vuelto a ver ni a conversar. De una amistad tan fuerte y un lazo tan cercano pasamos a nada, a cero. Luego en una fiesta volví a hablar con ella, le conté lo que sentía pero tampoco funcionó. No volvimos a hablar, no volví a ser parte de su vida, no volvimos a nada. Ya no hay nada, y la intuición que no falla me dice que así es. Me da tristeza, pero no sé qué más podría hacer de aquí para adelante. Me atrevo a decir que fue ella la razón por la que decidí volver a integrarme a la familia, por la que decidí dejar de a poquitos la grungería y volverme a integrar, pero ahora sin ella no hay mucho. Hay más terreno baldío allí que amistades.

No tengo más remedio que, como ya lo he hecho varias veces, reconocer que hice mal, y luego despedirme. Dejo ir los lazos, el dolor y la tristeza, tal vez con la esperanza de que algún día la amistad comience de nuevo. Digo adiós porque sé que me conozco y cuando me siento atrapado y sin salida le pido al universo que se lleve todo.  Y así me siento ahora.