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miércoles, 2 de marzo de 2016

Miscelánea de asuntos de la mitad de la semana (Plazas, calles, parques aquí en Bogotá y en Santiago, risas y sonrisas y hasta un río)


  • Comencé a leer La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile y hasta ahora me ha gustado mucho. García Márquez sigue ejerciendo sobre mí una fascinación hipnótica; cuando lo leo siempre me siento melancólico, como si estuviera accediendo a un portal a un mundo añorado y querido. Este libro es sobre Santiago y eso tampoco me deja avanzar muy rápido: constantemente tengo que buscar las referencias geográficas, sacar cuentas de fechas, leer sobre los eventos históricos y contrastarlos con mis propios recuerdos. La mitad del libro también he tenido que leerlo en voz alta para sacar de mi cabeza las voces de los viejos amigos chilenos.
  • A P. le terminó gustando la historia que le llevé a clase de Flannery O’connor. Su reacción fue como yo me la esperaba: sorpresa por el final del cuento del niño que regresa al rio después de oír que el reino de Cristo estaba en el fondo. Le aconsejé que leyéramos otra.

viernes, 22 de mayo de 2015

El sexo de los caracoles #relato

Cuando fumaba, y viajaba, buscaba siempre con desespero las salas de fumadores de los aeropuertos. Fue en la de Santiago –un cubo de vidrio donde nos agrupábamos los viciosos asesinos del ambiente– donde conocí a una española que me habló sobre el sexo de los caracoles. La señora estaba en el Comodoro Arturo Merino Benítez, nombre del aeropuerto, de transito porque iba para Ecuador a estudiar los caracoles latinoamericanos. Gracias a una investigación que había realizado unos meses atrás, se ganó una beca que le permitiría pasar seis meses observando lo que ella consideraba como “el mejor sexo del mundo animal”. 


La española, de quien no recuerdo su nombre, me contó que la mayoría de estos animales son hembras y machos a la vez y que el juego previo suele durar cerca de 20 minutos. Durante ese tiempo se excitan usando su dardo calcáreo. Cuando ya están listos para el acto amoroso, los caracoles se ubican en sentidos opuestos y se penetran uno al otro.

La relación sexual se produce en la noche y suele durar unas 10 o 12 horas. En ese tiempo los caracoles comparten con delicadeza cadenas de ADN en forma de churros de carbonato cálcico que el otro absorbe en su aparato reproductor. Allí se disuelve liberando el esperma. Mientras la española me explicaba todo esto sostenía el cigarrillo con sus labios y juntaba sus manos a la altura de sus gafas. Mientras hablaba imitaba con sus dedos los plácidos y lentos movimientos que hacen los caracoles por horas tocándose, besándose, baboseándose.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Miscelánea de terremotos entre Santiago y Bogotá #CrónicaCorta

Ayer, antes de las cuatro de la tarde sentí una presión muy fuerte en el pecho. Estaba apunto de tener un ataque de ansiedad por la gran cantidad de café que había consumido, por el estrés de la cirugía de mi mamá y por los problemas de trabajo. Para combatir esa sensación tan maluca me pareció buena idea salir a trotar, cosa que no había hecho por la mañana. Me cambié y salí caminando, como hago todos los días, hacia la avenida Suba mientras cuadraba el teléfono para que sonara el audiolibro del Ulysses de James Joyce. Empecé a aumentar el ritmo cuando crucé los cuatro carriles de la avenida del Transmilenio.

La ciclo-ruta que rodea el parque alrededor del río en la 106 estaba llena de ramas de arboles porque acaban de podar, por lo que el asfalto se convirtió en un juego de obstáculos con ramas y mugre dejada por los jardineros del distrito. Las voces del audiolibro no se detuvieron; un par de caballeros sostenían una conversación acerca de Irlanda, una muerta o la madre de alguno de los personajes. Los dos señores charlaban mientras hacían un recorrido en un carruaje tirado por caballos que relinchaban y resoplaban. Los audiolibros le dan al ejercicio una atmosfera intelectual que no siento con otro tipo de ayuda auditiva.