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domingo, 30 de octubre de 2016

La muerte de Elvira


Elvira, Mario, Rosa y Carlos.
Hoy, al medio día fuimos a almorzar con Betty, una cuñada de mi abuela, viuda de Augusto, uno de sus hermanos. Betty es uno de esos personajes que, junto con sus hijos y nietos, ha estado presente en toda nuestra vida familiar en Bogotá y en el Valle. Desde que recuerdo, Betty, Claudia y Guillermo nos han acompañado y han hecho parte de navidades, bodas, bautizos y cumpleaños. Durante el almuerzo mi mamá y Betty conversaban de lo usual, sobre las viejas amistades, la familia extendida, viajes, las primas, los hijos de ellas y sus nietos, pero en un momento la conversación llegó a un punto que me interesaba: la tía Elvira. 
Elvira Correa era una de las hermanas de mi abuela y una de las personas más importantes durante mi infancia. Cuando estábamos pequeños mis papás solían mandarnos a mi hermano y a mi a pasar vacaciones en su casa en Tuluá. Ella siempre nos quiso mucho y nos consentía y se encargaba de nosotros como si fuéramos sus propios nietos.
Elvira murió en 2004, lo recuerdo claro porque eso pasó cuando regresé de Inglaterra. Mi mamá me contó que había muerto después de hacer una llamada de teléfono o durante un almuerzo y recuerdo que me dolió porque no pude hacer más acerca de eso. No pude llamarla, ni conversar con ella, ni despedirme porque ella simplemente ya no estaba y nadie sabía que para mí era algo importante.
–¿De qué murió Elvira? le pregunté a Betty.

jueves, 13 de agosto de 2015

7. ¿ésta es una exposición de arte?

Fotografía de Bogotá en los años setenta. Parte de la instalación Fotorama de Alejandro Arango.  

Después de ver la instalación de Alejandro en la galería de la Cámara de Comercio me senté a tomar notas. Puse mi cuaderno con el teléfono al lado para ver las fotos y apuntar algunos datos que me parecieron dignos de recordar. En esas entró a la sala un señor de unos 75 años. Tenía un pantalón color azul bandera, una camisa a cuadros, un saco de gamuza que hacía juego con el resto de ropa porque también era azul y una gorra de gamuza, azul también.
El señor me preguntó qué era lo que había allí –no había una sola alma más en la sala— y yo muy cordial le comenté que esa era una exposición llamada Sal Vigua curada por el Equipo TransHistoria, que sus miembros eran María Sol y Camilo y que era una curaduría centrada en Bogotá.  <<¿es una exposición de arte?>> quiso saber y yo asentí. Me hizo preguntas sobre mi vida, sobre mi trabajo y sobre mi carrera y me invitó a que le mostrara las obras que más me gustaban. Lo llevé a ver las fotografías de Iregui, a mirar el dibujo de William, el video de las papas trans bailando y a recolectar postales en Fotorama, la obra de Alejo. Conversamos otro rato sobre arte y percibí, desde la mas cercana distancia, su olor a tabaco.
Antes de irse me agradeció por la amabilidad y me dijo que le parecía muy interesante mi proyecto de vida. Intercambiamos teléfonos celulares. Me invitó a su casa a ver algunas revistas y a continuar charlando. <<No vuelva a fumar de esos Pielrojas>>, me dijo antes de despedirse.

Su nombre era Fernando Jiménez.



jueves, 23 de julio de 2015

3. Cambiemos de tema


Hace ya un tiempo perdí la fe en el amor. Entendí que sería mas fácil vivir si dejaba de esperar a que las personas me ofrecieran las cosas más básicas para la interacción humana: respeto, consideración, lealtad, sinceridad.
Cuando decidí eso me sentí mas tranquilo. Dejé de cazar personas para amarlas y dejé de sentirme inadecuado: ya no me volví a comparar con el modelo del hombre ideal de montones de candidatos que saludaba o me saludaban por aplicaciones para el teléfono o redes sociales. Las conversaciones incomodas con desconocidos y la desaprobación quedaron atrás.
Al último de mis pretendientes lo enterré en el pasado y no volvimos a cruzar palabra. Ahora, de vez en cuando, disfruto del culposo placer de “stalkearlo” en sus redes sociales y a veces finjo que converso con él mientras camino por la calle.
“Era horrible cuando me hablabas –le repito— porque se sentía el compromiso. No conversabas conmigo porque yo te gustara sino porque estabas acostumbrado a conversar con alguien. Así lo niegues, yo me di cuenta de eso. Luego me enteré por uno de tus twits de que habías vuelto con tu ex. Lo que me molestó no fue que volvieras con él e interrumpieras lo “nuestro” (ese affaire de dos semanas), sino que no me lo dijeras de frente. Eso me demostró que yo no te importaba lo suficiente como para ser amigos.”
Desinstalé todas mis aplicaciones y dejé hablar del asunto.


miércoles, 14 de enero de 2015

El libertador #película #venezuela

Desde enero del año pasado que estuve en Venezuela he escuchado hablar de esta película, la mayoría de personas que me hablaron de ella me dieron muy buenas referencias. Últimamente también he escuchado que la película es la entrada venezolana para los premios Oscar que se entregan en febrero.


No le he visto completa pero lo que he llegado a ver me ha gustado mucho. Esta muy bien producida y dirigida, la música y la fotografía son profesionales. Sin embargo, según leí en Wikipedia, el guión está lleno de errores históricos. Este pequeño detalle convierte al filme en una verdadera ficción histórica.  

Voy a continuar viéndola después de que mi acompañante termine de ver la novela, mientras tanto les dejo algunos de los detalles que no son tan verdad según la enciclopedia libre. Haría falta que un Bolivarologo confirmara la veracidad de la información.