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domingo, 30 de octubre de 2016

La muerte de Elvira


Elvira, Mario, Rosa y Carlos.
Hoy, al medio día fuimos a almorzar con Betty, una cuñada de mi abuela, viuda de Augusto, uno de sus hermanos. Betty es uno de esos personajes que, junto con sus hijos y nietos, ha estado presente en toda nuestra vida familiar en Bogotá y en el Valle. Desde que recuerdo, Betty, Claudia y Guillermo nos han acompañado y han hecho parte de navidades, bodas, bautizos y cumpleaños. Durante el almuerzo mi mamá y Betty conversaban de lo usual, sobre las viejas amistades, la familia extendida, viajes, las primas, los hijos de ellas y sus nietos, pero en un momento la conversación llegó a un punto que me interesaba: la tía Elvira. 
Elvira Correa era una de las hermanas de mi abuela y una de las personas más importantes durante mi infancia. Cuando estábamos pequeños mis papás solían mandarnos a mi hermano y a mi a pasar vacaciones en su casa en Tuluá. Ella siempre nos quiso mucho y nos consentía y se encargaba de nosotros como si fuéramos sus propios nietos.
Elvira murió en 2004, lo recuerdo claro porque eso pasó cuando regresé de Inglaterra. Mi mamá me contó que había muerto después de hacer una llamada de teléfono o durante un almuerzo y recuerdo que me dolió porque no pude hacer más acerca de eso. No pude llamarla, ni conversar con ella, ni despedirme porque ella simplemente ya no estaba y nadie sabía que para mí era algo importante.
–¿De qué murió Elvira? le pregunté a Betty.

martes, 30 de agosto de 2016

Amor eterno e inolvidable (temor a la muerte)

Se murió Juan Gabriel hace dos días y como alarmas en la mañana, se encendieron sus canciones. Desde ese día se han repetido en la radio y en las redes sociales las canciones del cantante mexicano como recordatorio y despedida. En mi cabeza suena Amor eterno una y otra vez.

Tengo desde hace dos días también pegada en mi mente un relato de Pedro Lemebel. Mientras el mexicano canta, el chileno narra un lamento navideño lleno de soledad y de tristeza. Anoche busqué ese texto en Google y al releerlo comprendí porque suenan los dos al tiempo en mi cabeza: la madre. Juan Gabriel compuso Amor eterno en 1974, inspirado por la muerte de su mamá, noticia que recibió mientras estaba de gira en Acapulco. Lemebel escribió La navidad... Sin mami para el periódico La Nación y fue publicado el 24 de diciembre de 2006. El texto fue inspirado por la muerte de la madre del escritor en  vísperas a la navidad unos años antes.

La canción y el relato hablan de la falta y del vacío de la persona más importante de sus vidas. Los dos escriben de una manera desgarradora la melancolía vital que les produjo la muerte e incluso, Lemebel cuenta que desde ese 24 de diciembre no ha logrado volver a soportar las fiestas. Los dos ponen de manifiesto un miedo que nos acompaña a todos de manera constante y que, al final, todos tendremos que afrontar. Todos nos vamos a morir, nuestras madres han muerto o se van a morir -esperemos que no pronto-. Eso es un hecho y tanto la canción como el relato nos lo recuerdan. Pero también nos recuerdan que de la tristeza y el vacío surgen las palabras, los recuerdos y tal vez, algunas de las composiciones y los textos más hermosos que hemos leído o escuchado.

Sea esta la ocasión para recordar a la Abuela Aura y a la tía Negra y a Clarita, quienes ya partieron y también para recordar a mi mamá, a todas mis tías y a mi abuela Rosa, quienes afortunadamente aún nos acompañan. También para agradecer y recordar a Juan Gabriel y Lemebel, quienes nos dejaron su vida y su pasión en letras:




domingo, 27 de marzo de 2016

Estas palabras no son para tí


Desde que llegué de Inglaterra hace 12 años aprendí que las personas en mi vida tenían una fecha de llegada y una fecha de salida y que seguramente el periodo entre las dos no sería muy largo. Comprendí viendo aparecer y desaparecer rostros que a la gente tenía que quererla con fuerza y hacerla sonreír con intensidad porque más tarde que temprano iban a desaparecer. Desaparecieron amigos, amantes, familiares, compañeros. Toda una suerte de personas a quienes no pude retener aunque deseara que se quedaran a mi lado. Y aprendí a vivir así. Y así me quedé, queriéndolos y viéndolos partir. Cada vez con menos esperanza y con menos dolor.

lunes, 22 de junio de 2015

El semblante de los muertos #relato

Mientras tomábamos tinto en la cafetería de la Funeraria la Candelaria, mi papá desbloqueó su celular, un BlackBerry 8520 con una cámara de pocos megapíxeles, y me pidió que tomara una foto. Manuelito quería que yo me acercara al féretro de mi tía Julia y retratara el último rostro que veríamos de ella antes de ser enterrada. Me quedé perplejo con la petición pero recordé que las prácticas mortuorias para conservar la imagen de los ausentes han existido desde siempre. Una pequeña revisión histórica basta para recordar los soldados de terracota en China, las momias y las pirámides egipcias, las mascaras rituales de los Mayas y la pintura del memento mori presente desde la edad media.

Fotografía Post-mortem
Padre junto a su esposa e hijo fallecidos
La práctica de tomarles fotos a los muertos tampoco es algo nuevo. Después de la invención de la fotografía en Francia en 1839 retratar personas fallecidas se convirtió en algo cotidiano que se hacía con dos fines: demostrar el fallecimiento de un familiar y/o incluir el evento en el álbum de fotos. Los daguerrotipos existentes de esa época muestran, principalmente, niños arrullados por sus inexpresivos padres y personas adultas con aspecto relajado en sus lechos de muerte o en sus féretros. Todos acompañados de mobiliario, flores y objetos decorativos. También –y este es el caso mas impactante— los registros de la fotografía de muertos del siglo XIX incluyen escenas familiares en las que las personas fenecidas posaban para un fotógrafo mientras compartían una cena o una copa en sus hogares. En las fotografías resultantes las personas vivas aparecen borrosas mientras que los muertos demostraban ser modelos ideales; contaban con la rigidez necesaria para soportar con estoicismo los largos periodos de espera necesaria para fijar su imagen en los daguerrotipos. Por eso siempre se ven nítidos. Al final las fotografías se retocaban a mano, se les añadía color en las mejillas y se les pintaban los ojos sobre los párpados cerrados. En Argentina llegaron a imprimirse en los periódicos los retratos de personajes públicos sin vida y en México, hasta bien entrado el siglo XX, los niños muertos eran fotografiados en poses de angelitos.

lunes, 27 de octubre de 2014

Cuatro canciones para el desamor

Recuerdo la primera vez que me enamoré. Tenía quince años y hacía el mayor esfuerzo por pasar tiempo con uno de mis profesores de inglés. No recuerdo que hayamos hablado mucho, ni que saliéramos a tomar café ni que rodáramos por el pasto como un par de tortolos, pero si recuerdo estar siempre mirándolo, estar siempre pendiente de sus clases y recuerdo la sensación de vacío tan grande una vez que me obligaron a irme de paseo familiar y no pude asistir a una de sus últimas lecciones.

Esa misma sensación de desasosiego la sigo sintiendo ahora, quince años después cuando una relación se acaba. Cuando llega el desamor, o sea, cuando el amor ya no es suficiente para seguir conversando y siendo novios, cuando recibo la correspondiente terminada escrita por correo o por whatsapp, o aun, cuando simplemente dejo de recibir los mensajes y las llamadas y el amor se desvanece.